Construir comunidad. Escuchar. Coordinación. Precariedad. Exclusión. Responsabilidad educativa. Formación docente.
Community building. Listening. Coordination. Precariousness. Exclusion. Educational responsibility. Teacher training.
Hace algunos años viajé a Valencia con un grupo de educadores y educadoras en formación. A lo largo de 3-4 días visitamos algunos barrios y localidades cercanas a la ciudad. No era más que uno de tantos esfuerzos por disfrutar del maravilloso libro de texto que producen el territorio y las comunidades. Visitamos distintas zonas de l’Horta Sud. Especialmente formativo fue compartir un día con la gente del Parque Alcosa, un barrio obrero en el límite de Alfafar, entre Benetúser y Massanassa -también llamado Orba-, que hace algunos meses fue directamente afectado por la llamada "Dana de Valencia".
Parque Alcosa está limitado por la N-340 y las vías del ferrocarril y es una de las zonas más pobladas de Alfafar con unos 8.000 habitantes. La denominación Alcosa se deriva de la sociedad anónima del promotor Alfredo Corral S.A. por lo que comparte nombre y características arquitectónicas con otros similares de Sevilla y Alicante.
El interés que me movió a compartir este espacio con un grupo de educadores tiene que ver con dos de las razones que me llevan a viajar como libro de texto en la formación:
- 1. Salir del espacio de confort: Los docentes necesitan vivir en primera persona realidades diversas en las que luego desarrollarán su función educativa. Muy especialmente aquellas que llevan al límite los derechos humanos en forma de precariedad, pobreza, desempleo, desigualdad, etc.
- 2. Sumergirse en la comunidad: La única herramienta educativa de que disponen como docentes, si entienden la educación como motor de cambio social, es fortalecer las comunidades en las que trabajan. Esto lo harán desde el desarrollo de habilidades para fortalecer las relaciones, generar grupos y facilitar la participación comunitaria. Viajar, como espacio de formación, permite reforzar los grupos de formación y hacer que el alumnado se sumerja en las comunidades. Algo que las aulas y las escuelas tradicionales no permiten.
«La única herramienta educativa de que disponen los docentes, si entienden la educación como motor de cambio social, es fortalecer las comunidades en las que trabajan»
Valencia antes de la Dana

El grupo estaba constituido por una veintena de educadores y educadoras con intereses muy distintos, desde la educación infantil a la integración social, la animación sociocultural o la igualdad de género. La mañana de llegada coincidió con el mercado semanal en la plaza Miguel Hernández. Tras recorrer algunas calles del barrio fuimos a nuestro punto de encuentro. Un espacio gestionado por la "Koordinadora Kolectivos Parke". En las calles cercanas unos jóvenes montaban en bicicleta a nuestro alrededor indicándonos el camino. El local al que llegamos albergaba un pequeño espacio de reunión a la entrada que daba paso a un taller de reparación de bicicletas. Al fondo un estudio de radio y a la izquierda un taller de peluquería. La mañana tenía poca afluencia de jóvenes ya que en su mayoría estaban escolarizados. Durante este tiempo, las educadoras y educadores nos contaron su labor. Este encuentro se acompañaba de la visita esporádica de niños y jóvenes del barrio que decían ser protagonistas del recurso.
En palabras de la propia entidad el Centro (2) "realiza una labor preventiva de inserción sociolaboral y una tarea formativa-educativa para adolescentes en situación de exclusión social, proporcionando una serie de servicios de apoyo social educativo y familiar a través de actividades formativas, ocupacionales y de ocio y tiempo libre con el objetivo de potenciar el desarrollo personal e integración social de las y los menores, así como la adquisición de las habilidades necesarias para su futura inserción social y laboral".
En definitiva, escuchar a los y las jóvenes, compartir espacios, tiempos, deseos y construir comunidad. Algo que se materializa en:
- • Atender sus demandas formativas.
- • Sus intereses de ocio.
- • Desarrollar habilidades necesarias para la relación.
- • Favorecer el proceso de construcción de identidad acompañado al de construcción de un itinerario vital, profesional y comunitario.
Unas horas después visitamos un espacio complementario dirigido a niños y niñas de entre 5 y 15 años en el que se buscaba una atención integral a los menores en situación de riesgo social mediante talleres, convivencias, juegos, apoyo y refuerzo escolar, acentuando la importancia de la coordinación entre los servicios sociales de zona y los centros educativos. Sin embargo, lo que más llamaba la atención era la conexión con el propio barrio.

Por último, tuvimos ocasión de reunirnos con otros miembros del colectivo que compartieron con nosotros algunas de las actividades que realizaban en el barrio, sus preocupaciones, su modelo de gestión y participación. Nos hablaron de cómo se había rejuvenecido la población del barrio acogiendo mucha población migrante, de los altos índices de desempleo y necesidades de servicios sociales básicos. También del esfuerzo que realizaba la población por construir comunidad. Un barrio con grandes necesidades, pero con un fuerte entramado sociocomunitario. Allí las vecinas se conocen, comparten y viven. También un barrio que se ha visto zarandeado por la precariedad y la exclusión.
Tengo un recuerdo especial de las últimas horas de aquel día. Después de que el alumnado partiera de regreso a la ciudad de Valencia quedamos tres o cuatro personas charlando. Entre ellos, la conversación volvía una y otra vez sobre un vecino que había quedado sin vivienda y llevaba varios días alojándose en las calles. Se proponían iniciativas y demandas para llevar al ayuntamiento. Lo que alojó este recuerdo en mi memoria es que hablaban de este vecino en primera persona. Con nombre y apellidos. No era un número o un usuario. Las personas que lo hacían ya habían terminado su jornada laboral.
Y llegó la Dana
El 29 de octubre de 2014 ya ha sido relatado decenas de veces. No volveré a hacerlo. Yo me encontraba en Madrid y las noticias eran preocupantes, pero nada parecido a lo que conocimos después. Hacía poco tiempo que habíamos recorrido aquellas calles ahora totalmente destrozadas por el agua.
Tras las riadas una imagen asaltó los diarios de todo el mundo. Cientos de personas acudían a pie desde todos los rincones de Valencia en ayuda de las gentes que habían padecido el desastre en primera persona. Iban cargadas con escobas, palas, guantes y sus propias manos. La imagen del llamado "puente de la solidaridad" dio la vuelta al planeta.
Aquella imagen me recordaba la noticia que aparecía en prensa tras el devastador terremoto de México de 2017. Los jóvenes se habían auto-organizado rápidamente gracias a las redes sociales para acudir con motocicletas a atender a las primeras víctimas. Un terremoto que sucedió días después de que el huracán María arrasara buena parte de la isla de Puerto Rico.
Esto sucedía el 19 de septiembre de 2017. Algo antes -el 17 de septiembre-, viajé a Madrid en el último avión que despegó ese día desde el aeropuerto Luis Muñoz Marín en San Juan, Puerto Rico. Un día antes aterricé en esta ciudad para impartir una conferencia educativa y a mi llegada fui objeto de una sonrisa irónica del funcionario de aduanas que me dijo: "¿usted sabe a lo que viene?". Lo que parecía una tormenta tropical, durante las horas que realicé de viaje sobre el Atlántico, había crecido hasta convertirse en un temible huracán de fuerza 5 que poco después arrasó Dominica y parecía no perder intensidad al acercarse a la ciudad donde me encontraba. Era el huracán María, considerado como el peor desastre natural registrado en esas islas y el más mortífero en el Atlántico desde el huracán Jeanne en 2004.

Meses después los vecinos de San Juan de Puerto Rico relataban cómo había sido la ayuda mutua la que había hecho posible la supervivencia en esas primeras horas sin luz, comida, agua o dónde refugiarse.
También la imagen que sucedió al hundimiento del Prestige en 2002 y supuso el vertido masivo de desechos: "El Chapapote". Tras el desastre las costas se llenaron de personas que limpiaban con sus manos el desaguisado.
Todos estos sucesos fueron ampliamente narrados por la prensa, las redes sociales y las televisiones. En todos los casos, la sucesión de noticias fue más rápida de lo que hubieran deseado los afectados. Las noticias de los medios hacen que nuestro cerebro produzca un scrollinfinito en el que las imágenes que se nos ponen delante son olvidadas rápidamente. Sin embargo, las comunidades siguen ahí por mucho tiempo. Nadie sabe mejor que ellas cuáles son sus necesidades reales.
Es la comunidad la que actúa en primer lugar ante cualquier emergencia. También es la que mejor puede definir aquello que necesita en relación a servicios sanitarios, educativos, infraestructuras y humanos.
«Es la comunidad la que actúa en primer lugar ante cualquier emergencia»
En los días siguientes a las riadas las necesidades de ayuda eran muchas. Al preguntar por el barrio del Parque Alcosa, escuché que había sido profundamente afectado. También la admirable capacidad de autoorganización de las y los vecinos para compartir recursos, esfuerzos y ayuda mutua. Algo de lo que debe sentirse orgulloso todo colectivo que dedique sus esfuerzos a reforzar el sentimiento de comunidad.
Es necesario que se dediquen recursos suficientes en respuesta a las situaciones de emergencia por parte de las administraciones. Pero nada de esto será suficiente si no reconocemos que son las comunidades las que responderán en primera instancia a estos fenómenos. Es responsabilidad educativa conseguir que no volvamos la espalda a la construcción de la comunidad. Esto es urgente desde los métodos de enseñanza, los planes de estudio y también desde el propio sentido que se debe dar a la educación. También a las comunidades.
La ayuda mutua es una importante herramienta para el afrontamiento de emergencias. Esto solo es posible si se trabaja el sentimiento de comunidad, el entramado relacional de los barrios y se pone nombre y apellidos a cada vecina y vecino. También si se les hace protagonistas de su propio desarrollo, lo que incluye el diseño, la toma de decisiones y la construcción de la comunidad.
Algo de lo que se quejaban los vecinos del Parque Alcosa de Valencia es de la invisibilidad de su desastre. Mientras las imágenes mediáticas se llenaban de la apertura de centros comerciales y empresas, los coordinadores del barrio denunciaban la inacción administrativa en el mismo. Este es un punto, seguramente, controvertido. Pero lo que es innegable es que las emergencias son especialmente devastadoras en entornos de pobreza. Pasados meses de las riadas, los vecinos de este barrio de Alfafar seguían preocupados por las estructuras de sus viviendas, sus calles y los servicios básicos: escuelas, centros de salud, suministros, etc.
En el caso de "La Dana" se ha utilizado el talismán de la recuperación. El deseo más escuchado en los medios de comunicación es "la vuelta a la normalidad". Sin embargo, en el caso del Parque Alcosa -como en tantos otros- no es la vuelta a la normalidad lo que se necesita. Lo realmente necesario es que este suceso se vea como un punto de inflexión necesario en la redefinición de realidades sociales que necesitan intervención de todo tipo. Para ello, sería buena idea preguntar al propio barrio cuáles son sus necesidades y no implementar reconstrucciones que reproduzcan nuevamente la desigualdad y la marginación.
Marruecos, antes del terremoto
Desde 2009 he viajado cada año al Atlas con grupos de educadoras y educadores en formación. La provincia de Azilal es objeto de preciosas imágenes de varios cientos de aldeas a las que llegó la luz eléctrica hace pocos años. La belleza del terreno no debe engañarnos. Las condiciones de vida son realmente duras en esta zona olvidada de Marruecos en las que hay una ausencia importantísima de servicios básicos: alcantarillado, agua potable, carreteras, servicios sanitarios, etc.
El proyecto en el que participábamos tomaba el nombre de una localidad de la zona y el sentido mismo que he pretendido dar a este viaje de formación: el péndulo de Ifouolou.
Las educadoras y educadores en formación que participaban cada curso en este proyecto van a dedicarse a la educación durante los próximos treinta años. La idea es que alojen en sus retinas realidades desafiantes en las que los libros de texto solo pueden venir después de vivirlas en primera persona.
En estos contextos es necesario desarrollar habilidades especiales. El grupo ha de funcionar como tal ya que el individualismo carece eficacia. Las necesidades reales de las personas que componen las comunidades solo se pueden entender -y atender- conviviendo con ellas directamente.
Esto no es fácil ni se enseña de forma normalizada en el aula. En estos contextos de aprendizaje es necesario desarrollar habilidades para la relación, capacidad de análisis, de escucha, etc. Habilidades que están en la base del desarrollo comunitario y deberían ser prioridad absoluta en la función de los y las docentes.
Se trata, en definitiva, de crear espacios de formación de docentes que entiendan que la construcción de la comunidad está en el sentido mismo de la educación. De cambiar la mirada. Las materias, las ciencias, las herramientas y los contenidos deben estar al servicio de la misma. La respuesta técnica y rápida a las emergencias es imprescindible. Como lo es que exista un entramado comunitario que sostenga la reconstrucción posterior de acuerdo a las necesidades y problemas reales de las personas que allí habitan.
«La formación de los profesionales de la educación pasa por entender que los contenidos que compondrán el currículo de su enseñanza deben estar al servicio de la construcción de las comunidades»
El terremoto de Marruecos
El 8 de septiembre de 2023 un terremoto de magnitud 6,8 sacudió Marrakech. El epicentro estaba situado al sureste de esta ciudad en las montañas del Alto Atlas y causó cerca de 3.000 muertes. Cuando pude hablar con algún amigo de esta ciudad relataba cómo las gentes habían bajado a las plazas y parques para dormir fuera de las viviendas. Las grietas eran visibles y el temor compartido.
El temblor se había producido cerca de la zona del Atlas que visitábamos cada año y la preocupación por las personas que conocíamos era lógica. Los valles de este sistema montañoso están repletos de pequeñas poblaciones con construcciones muy precarias realizadas en adobe. Como puede suponerse, las consecuencias del terremoto en ellas fueron devastadoras. Las imágenes mostraban las inmensas dificultades que había para transitar los caminos que llegaban a ellas. La ayuda de maquinaria y equipos especializados era urgente. Afrontar la emergencia es imprescindible. También es necesario comprender que allí ya existía una emergencia sostenida en el tiempo en forma de infraviviendas, ausencia de servicios básicos, transportes, infraestructuras, etc., que hicieron que estas poblaciones fueran especialmente vulnerables. Como en el caso de otras muchas, la necesidad ética no es la vuelta a la situación anterior al suceso (la vuelta a la normalidad), sino que este se convierta en un punto de inflexión que ayude y acompañe el desarrollo de la comunidad que la sufre.

Acompañar la construcción de comunidades desde la educación
Desmond Tutu dijo que: "Llega un punto en el que tenemos que dejar de sacar gente del río. Necesitamos ir aguas arriba y descubrir por qué están cayendo"
«Es responsabilidad educativa conseguir que no volvamos la espalda a la construcción de la comunidad»
Las emergencias exigen una intervención inmediata y, en muchos casos, son imprevisibles. Es necesaria la existencia de protocolos de actuación en ellas, profesionales especializados y la solidaridad internacional. Esto es innegable.
También lo son otros dos elementos que la urgencia y la volatilidad de los relatos periodísticos no dejan ver:
- • Si existe una red comunitaria, la capacidad de autoorganización de las personas ante cualquier suceso es significativamente mayor y tras el mismo. De igual manera lo es la capacidad de detectar y analizar las necesidades propias.
- • Existen emergencias estructurales en las sociedades actuales derivadas de la desigualdad: pobreza, infraviviendas, servicios sociales y de atención comunitaria, hacinamiento habitacional incluso en zonas desaconsejables desde el punto de vista climático, etc.
Estos dos aspectos no suelen presidir las portadas de los periódicos, pero deben ser objeto de intervención educativa. La formación de los profesionales de la educación pasa por recorrer las comunidades, aprender a abrir los ojos ante las realidades que habitan y entender que los contenidos que compondrán el currículo de su enseñanza deben estar al servicio de la construcción de las mismas.
Educar la mirada es uno de los grandes desafíos de la formación docente si queremos que esta sea un agente efectivo de equidad y no exclusión. Hacerlo solo es posible sumergiéndose en la realidad. Una buena forma es entender que la formación tiene que invitar a dejar los espacios de confort del aula y habitar el territorio.
