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Por una cultura de la infancia

Halperín Chervin, Alicia

Cuadernos de Pedagogía, Nº 432, Sección Libros, Marzo 2013, Editorial Wolters Kluwer España

Portada

Peligro, niños

Apuntes de educación 1994-2007

Tonucci, Francesco

Graó (Col. Micro Macros Referencias), Barcelona, 2012, 153 pp.

Correo-e: grao@grao.com

Reseñado por Alicia Halperín

Una tarde, al salir del colegio, Federico, de 6 años, se dio cuenta de que su madre no había ido a buscarlo, así que decidió volver solo a casa. Su padre, preocupado y sorprendido, le preguntó cómo lo había hecho. "Pues he ido hasta el semáforo, he esperado a que se pusiera verde y luego me he puesto al lado de un señor que cruzaba la calle y he cruzado con él; y entonces he seguido hasta aquí". Seguramente los padres de Federico nunca le habían infundido miedos irracionales ("¡no te pares a hablar con nadie!"), sino confianza en el prójimo.

Pequeñas piezas, con esta óptica, son las que conforman el libro de Tonucci, en el que se recopilan los artículos que escribió en dos periódicos italianos –L’Unità y Nuova Responsabilità– y en Cuadernos de Pedagogía, entre 1994 y 2007. Aunque los periódicos son de diferente signo, los temas que trata son similares y transversales a su recorrido por las preocupaciones cotidianas que tenemos los adultos, de diferentes ámbitos, en relación con la infancia.

La propuesta es clara: superemos los temores, demos cabida al espíritu curioso e investigador de la infancia, tengamos confianza en los niños. Respetemos las particularidades de cada uno y reconozcamos que cada cual tiene un ámbito de excelencia que potenciar.

Tonucci señala que a menudo olvidamos cómo fue nuestra propia infancia –qué sentíamos, qué pensábamos y cómo era el medio social en el que crecimos–, y, a consecuencia de este olvido y en aras de vivir cómodamente en una sociedad vertiginosa, ofrecemos a los pequeños una vida solitaria, encerrados en casas seguras llenas de objetos, con agendas repletas de actividades… pero con dificultad para elegir amigos, para descubrir la realidad que los rodea y para salir solos a la calle. Y exigiéndoles que piensen y se comporten como adultos. En este sentido plantea la necesidad de considerar a los niños por lo que son, y no por lo que serán en el futuro. Nos insta a valorar la cultura de la infancia, sus sentimientos profundos y explosivos, y su potencial revolucionario, y a comprender que los niños necesitan transgredir, tanto como ser escuchados y apoyados.

Y es que, a pesar de que todos los escritos datan de años posteriores a la Convención de los Derechos de la Infancia (1989), estos están ausentes en la vida cotidiana de los países que los han suscrito: sigue sin haber normativas legales que los reflejen.

¿Por qué estar sentados en la escuela durante cinco horas? ¿Por qué aprender solo de los libros de texto? ¿Por qué convertir en fichas un libro que nos ha encantado leer? ¿Para qué hacer tantos deberes? ¿Por qué escribir redacciones dirigidas a nadie? ¿Por qué no aprender de los errores? ¿Por qué no abrazar a una amiga? ¿Por qué cargar una mochila tan pesada? Estos son algunos de los temas que el pedagogo italiano ha desarrollado a lo largo de toda su vida, y aquí cristalizan poniendo de manifiesto la necesidad de mirar el mundo desde el punto de vista de los niños.

Nos recuerda que los niños tienen derecho a jugar –su principal forma de conocer la realidad–, a entablar relaciones, a desarrollarse y adquirir autonomía. Debemos ofrecerles espacios en los que puedan moverse y relacionarse, independientemente de los adultos, y tener presente que no son una propiedad nuestra. La escuela podría ser también la escuela de los niños, hecha para ellos y con ellos, y no solo la escuela de los profesores.

Asimismo, Tonucci demuestra que los niños pueden tener un lugar en las ciudades: sería necesario, eso sí, escuchar y elevar sus voces a los ámbitos de toma de decisiones, para tornar más humanas nuestras sociedades. Esta es una de las conclusiones extraídas del proyecto «Ciudad de los Niños», que se desarrolló en varios países y en el que el pedagogo se implicó especialmente. A estas ideas contrapone la visión de las ciudades actuales, en las que alrededor de las escuelas encontramos la señal de tráfico «Peligro, niños», que, lejos de advertir a los alumnos del peligro que corren si se descuidan, advierte a los conductores del peligro que los pequeños representan, lo que él interpreta como nuestra necesidad de defendernos de ellos. Así es como tenemos pocos niños, los controlamos mucho y medimos los resultados que obtienen en lugar de valorarlos por lo que son.

Este libro ofrece, sin duda, claves para reflexionar y responder a muchos de los problemas que se nos presentan a los adultos frente a los niños, seamos madres, padres, abuelos, docentes o gestores del medio educativo o ciudadano.

Aunque algunos de los temas se repiten en las diferentes publicaciones, la sensibilidad y agilidad con la que están tratados conlleva en todos ellos una reflexión nueva, una mirada curiosa que nos aporta la profundidad y coherencia de su visión crítica y renovadora: solo escuchando la voz de los niños lograremos incorporar su valioso aporte, para humanizar nuestras sociedades.

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