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El nuevo escenario, ¿oportunidades o todo lo contrario?

  • 20-9-2021 | Wolters Kluwer |

    Juan José Vergara

  • «No nos alejemos del aula y sus necesidades. La COVID ha demostrado algo y es que el aprendizaje es algo profundamente humano»
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Juan José Vergara

www.juanjovergara.com

Twitter: @juanjovergara

Debo decir que no soy muy optimista ante los tiempos que se avecinan en educación. Y la culpa de todo no la tiene la COVID.

En los dos últimos cursos alumnado y docentes debieron refugiarse en sus casas primero totalmente y luego de forma parcial. Las medidas que se adoptaron fueron regalar el medio de aprendizaje a los medios telemáticos y un cierto aumento de profesorado, algo que unos tildan de cosmético, otros de suficiente y la mayoría de errático. Creo que los disparos se dirigieron a las nubes y no a la tormenta.

Las grandes empresas informáticas hicieron su agosto convirtiéndose en el centro de atención de la educación. No hay más que visitar los perfiles sociales de decenas de «expertos» en innovación para constatar que se autodenominan embajadores, expertos certificados, etc. de todo tipo de plataformas mediáticas educativas que se han autodenominado estados de salvación ante la crisis pandémica.

Hace poco tiempo escribía un artículo en el que alertaba del espejismo de la tecnoeducación. Como bien dicen las mentes sensatas en el desarrollo de la tecnología, el medio no es neutro. Me encanta la frase de Kathy O´Neil cuando denuncia que los datos obtenidos en la incesante tecnificación de la vida no son otra cosa que causa y efecto de la manipulación de la vida humana.

Todo esto me recuerda aquel famoso discurso del siglo pasado de McLuhan cuando defendía que el medio es el mensaje y también el pequeño libro que —me reconforta— titulado «El medio es el masaje» que el propio McLuhan realiza con un ilustrador estupendo como Quentin Fiore y nos reencuentra con la necesidad de humanizarnos como respuesta ante la cosificación de los medios.

Pero no nos alejemos del aula y sus necesidades. La COVID ha demostrado algo y es que el aprendizaje es algo profundamente humano. La realidad actual incorpora la tecnología como parte de esta relación. Pero es necesario dibujar una tajante barrera entre los intereses de los medios tecnológicos —en tanto que empresas comercializadoras de plataformas, espacios, materiales y todo tipo de suvenires educativos— y la relación educativa. Esta solo se produce entre las personas. La tecnología no la suplanta, no la facilita. Solo es un espacio más en la que se desarrolla.

En fin, que los embajadores de estas plataformas y las que venden descaradamente productos que se autodenominan innovadores por el hecho de apoyarse en ellas pinchan en hueso.

Lo más importante del asunto es que hay tres preguntas en esta crisis de puertas cerradas, semiabiertas y abiertas con condiciones, que deberíamos hacernos: ¿qué aprender? ¿cómo? Y ¿para qué?

¿Qué aprender?

La primera de ellas habla de reformular el currículo. Podar contenidos y decidir que es necesario en el tiempo que nos toca vivir. Parece que todos están de acuerdo en ello: hágase.

¿Cómo?

La segunda invita a explorar nuevos enfoques didácticos. No es de extrañar que los modelos interdisciplinares y basados en proyectos estén de moda en los últimos tiempos. Lo celebro.

¿Para qué?

La última exige dirigir una mirada comprometida al mundo. Un mundo en colapso. Desigual y errático que requiere que las dos primeras preguntas se pongan a su servicio. Supone volver a la vieja frase de Freire que apostaba por el cambio de mirada de las personas con la idea de humanizar el rumbo de la vida.

«El cambio educativo no es fruto de la tecnología ni de la Covid. Mucho menos de las medidas cosméticas realizadas con las ratios y la presencialidad. El cambio necesario es invitar a una nueva mirada. Algo que urge ante un mundo en colapso como el que habitamos»

Estamos iniciando las dos primeras preguntas. Esta es una buena noticia. Avancemos en la tercera de ellas y comencemos a reconocer que la educación es una herramienta que puede provocar nuevas miradas comprometidas con la realidad. Es algo que sabemos urgente.

El cambio educativo no es fruto de la tecnología ni de la Covid. Mucho menos de las medidas cosméticas realizadas con las ratios y la presencialidad. El cambio necesario es invitar a una nueva mirada. Algo que urge ante un mundo en colapso como el que habitamos. Esa es la lección aprendida de la Covid y no los miles de millones de beneficios obtenidos por ella tras la tecnificación obscena de la educación por decenas de empresas millonarias y deshumanizadas.

Iniciamos un nuevo curso hablando de plataformas mediáticas y ratios. Creo que erramos. Deberíamos hacerlo discutiendo sobre los «Para qué educar» la nueva mirada que este mundo necesita y el papel que la educación puede jugar en este cambio.

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