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Estudiar a un paso del frente
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Estudiar a un paso del frente

  • 23-2-2022 | Rubén M. Mateo
  • Escuelas de Donetsk y Lugansk sufren ataques con proyectiles en pleno conflicto entre Rusia y Ucrania. Alumnos ucranianos aprenden técnicas militares en los centros educativos
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ACTUALIZACIÓN: Esta madrugada Rusia ha atacado Ucrania. El presidente ruso, Vladímir Putin, ha anunciado una operación especial en la región separatista del Donbás. Varias ciudades del este del país han sido atacadas, según reporta la prensa internacional. El lector debe saber que este reportaje recoge situaciones anteriores a estos hechos.

Olexander Slesoryv estaba barriendo el patio de la escuela Fairy Tale de Stanytsia Luhanska cuando escuchó el silbido. ¡Corre! Le dijo a uno de los profesores que se encontraba también en el patio. El proyectil golpeó la pared y explotó a apenas dos metros. «Corrí adentro y me agaché en la esquina. Estaba aturdido. Después de la primera explosión, perdí la audición por completo y ni siquiera escuché la segunda explosión fuera», relata Slesoryv, trabajador de mantenimiento de 34 años. Eran exactamente las 9.04 de la mañana del 17 de febrero cuando la munición golpeó la pared del centro y aterrizó en el gimnasio. Instantes después otro proyectil impactaría en el patio del Fairy Tale, situado en una zona controlada por el gobierno ucraniano en Lugansk. Unos 20 niños de 2 a 5 años se encontraban en ese momento en la escuela.

«Es un milagro que ninguno de los niños resultase herido. No tenemos un refugio antiaéreo, por lo que los niños y el personal se reunieron en el vestíbulo de entrada, donde no hay ventanas», narra Natalia Yudina, profesora auxiliar de 43 años, que recuerda cómo en los momentos previos al ataque, un grupo de alumnos acababa de desayunar en uno de los salones contiguos. De producirse el ataque 15 minutos después, las consecuencias hubieran sido devastadoras. Slesoryv, Yudina y otra maestra de 55 años fueron trasladados al hospital.

Sus testimonios fueron recogidos por Human Right Watch (HRW) el día del ataque, del que se culparon mutuamente los grupos armados separatistas respaldados por Rusia y el gobierno ucraniano. En la imagen del ataque puede verse un enorme socavón en la pared del gimnasio. Unos centímetros a la derecha, la ventana totalmente agrietada y los balones de fútbol desperdigados por el suelo junto a los escombros del muro derruido. Mientras tanto, en la localidad, los vecinos se apresuraron a cubrir las ventanas con bolsas de plástico, ya que muchas han sido reventadas por las explosiones.

El de Fairy Tale no fue el único ataque que se produjo el 17 de febrero. Horas más tarde, entre las 10 y las 11 de la mañana, otro colegio, esta vez en Vrubivka, sufriría el impacto de otro proyectil que dejó sin suministro eléctrico al centro. «Cuando terminó la tercera clase, comenzó el ataque», recuerda Yarina, la directora, al medio ucraniano NV noticias. En ese momento había 53 niños y 16 adultos en el colegio. El proyectil cayó a 30 metros del centro y la metralla destrozó ventanas y erosionó las paredes.

En el colegio no hay un refugio antibombas separado, y es por ello que hay espacios improvisados donde los alumnos buscan cobijo en caso de ataque —el colegio sufrió otro en 2018—. «Hay huecos entre las paredes donde los niños se meten. Cuando comenzó el bombardeo, los padres que vivían cerca de la escuela comenzaron a llevar a sus hijos a casa, pero algunos estaban en el trabajo y tenemos niños que vienen de municipios cercanos en autobús escolar. Algunos se quedaron aquí con nosotros», rememora la directora del ataque que sufrió la localidad en 2018.

No menos cruentos fueron los ataques que sufrieron el pasado 21 de febrero las escuelas 105 del distrito de Petrovsky y la número 56 del distrito de Kíevsky en Donetsk. En las fotos publicadas por el alcalde de la localidad, Alekséi Kulemzin, pueden verse los pasillos repletos de cristales a consecuencia de los impactos de proyectiles y un aula completamente destruida y llena de escombros. «A las 3.30 de la madrugada me llamó la conserje de la escuela y me dijo que hubo una fuerte explosión. Como resultado, cuatro aulas quedaron completamente destruidas. Las ventanas fueron destrozadas por la onda expansiva. La fachada, los cimientos, los muebles, las paredes y el techo sufrieron daños. Desde el 19 de febrero, las clases en la escuela se encuentran suspendidas. En el momento de la explosión, solo la portera estaba en la escuela. No resultó herida», dijo a la televisión rusa RT la directora del centro 105 de Petrovsky, Inna Fautsist. Las autoridades locales culparon a las fuerzas armadas de Ucrania del ataque contra estos colegios.

Estos fenómenos no son nuevos. Desde 2014, tanto las fuerzas gubernamentales ucranianas como los separatistas respaldados militar y políticamente por Rusia han llevado a cabo ataques contra las escuelas utilizando artillería pesada, morteros y, en algunos casos, cohetes no guiados. Ambos bandos las han utilizado con fines militares, desplegando fuerzas dentro y cerca de las escuelas, lo que ha convertido a los centros educativos en objetivos militares. La destrucción ha obligado a muchos niños a dejar las escuelas o a tantas de ellas a trabajar en condiciones complicadas o de hacinamiento.

Así lo asegura el informe de HRW «Estudiar bajo el fuego: ataques a las escuelas, uso militar de las escuelas durante el conflicto armado en el este de Ucrania». En dicho informe, el organismo documentó ataques a colegios que estaban a ambos lados de la línea de contacto. «Cuando las fuerzas militares ocuparon las escuelas, con frecuencia rompieron o quemaron el mobiliario escolar, incluidas las puertas de las aulas, las sillas y los escritorios. En muchos casos, las escuelas que habían sido utilizadas por los combatientes seguían siendo inseguras porque las tropas dejaron atrás artillería pesada o municiones sin usar», se puede leer en el estudio, que también advierte de la fuga de maestros desde que estallara el conflicto armado en 104, afectando gravemente a la calidad educativa en la zona por falta de docentes.

Según UNICEF, hasta 750 centros educativos han resultado dañados desde el inicio, interrumpiendo el acceso a la educación de miles de niños a ambos lados de la línea de contacto, que separa las zonas en manos de las fuerzas gubernamentales ucranianas de las que están en manos de los militantes de la llamada República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk, reconocidas como independientes por Rusia el pasado 21 de febrero de 2022. Asimismo, en los lugares donde los alumnos ucranianos no se han visto a abandonar la escuela completamente —la educación híbrida entre presencial y offline ha sido un parche para muchos estudiantes de la zona—, el conflicto ha erosionado la calidad educativa. Algunos colegios tuvieron que cerrar durante periodos de combate. Ello ha motivado hacinamiento en otras escuelas, ya que las autoridades de los centros dañados reubican en otras escuelas a sus alumnos.

Además, los niños se han enfrentado a obstáculos para llegar a clase, restricciones de viaje impuestas por el gobierno o la falta de transporte. «El conflicto ha tenido graves consecuencias para el bienestar psicosocial de toda una generación de niños que crece en el este de Ucrania. Además, viven en una de las extensiones de tierra más contaminadas con minas del mundo. Todos los días viven, juegan y van y vienen de la escuela en áreas llenas de minas terrestres, artefactos explosivos sin detonar y otros restos explosivos de guerra mortales», explican desde UNICEF.

Estrés prolongado, miedo pesadillas, alteraciones en el comportamiento o problemas de comunicación. Estas son las principales secuelas psicológicas que están atravesando los alumnos en un «clima prebélico», según detalla la ONG Aldeas Infantiles, que el pasado 16 de febrero anunció la evacuación temporal de 110 niños de Brovary, cerca de Kiev, y Lugansk para garantizar su seguridad y reducir sus niveles de ansiedad. «Los niños de Donbass no saben lo que es vivir un día sin ansiedad, tensión y disparos. Las familias llevan una vida de aparente normalidad en la que un simple camino a la escuela, al trabajo o a una cita médica es una pesadilla logística, financiera y angustiosa», explican desde la organización.

«El conflicto ha tenido graves consecuencias para el bienestar psicosocial de toda una generación de niños que crece en el este de Ucrania. Además, viven en una de las extensiones de tierra más contaminadas con minas del mundo. Todos los días viven, juegan y van y vienen de la escuela en áreas llenas de minas terrestres, artefactos explosivos sin detonar y otros restos explosivos de guerra mortales», explican desde UNICEF

Lecciones de guerra en el sótano del colegio

«Parece un suave peluche, pero podría contener un explosivo que podría accionarse en cualquier momento al sentir un contacto», explica un soldado del ejército ucraniano sosteniendo un loro de juguete frente a decenas de alumnos. En la mesa, granadas, bombas de racimo, balas, proyectiles, metralletas. Los estudiantes se muestran atentos y curiosos con el armamento en presencia de los medios de comunicación. Este, en Kiev, es uno de los simulacros y lecciones con munición que se han desarrollado en algunas ciudades ucranianas después de que durante estos años se produjeran varias falsas alarmas de bomba. El gobierno ucraniano responsabiliza a Rusia de estas alarmas que acaban en nada a la vez que Moscú hace lo propio, denunciando avisos falsos en guarderías, colegios y centros comerciales en las zonas prorrusas.

En un momento de la lección, en la que se advierte a los alumnos de no tocar objetos sospechosos —cajas de chocolate o carcasas de móvil, por ejemplo—, reciben la orden de evacuar el colegio. «Nosotros nunca pensamos que necesitaríamos este tipo de conocimientos. Pero de repente, en junio de 2014, los niños estaban asustados de ir al colegio. Las armas y los separatistas se convirtieron en una realidad», explica la profesora Olana Yakovleva a la televisión alemana Deutsche Welle, con la esperanza de que nunca se vean obligados a tener que enfrentarse a esta situación. Otra profesora, en este caso de español en un centro de Lviv, explicaba al programa español «Todo es Mentira» de Mediaset que esta es una práctica habitual en el país, mientras se sucedían las imágenes de adolescentes en un sótano del colegio haciendo prácticas de tiro y se sucedían las críticas en plató por adiestrar a escolares en técnicas militares.

En Ucrania, un país que consagró su independencia hace treinta años, se imparte la asignatura Defensa de Ucrania. En ella, cursada por alumnos de 14 a 17 años, se adquieren conocimientos militares generales. Por ejemplo, se aprende a cómo usar un arma. Se utilizan de aire comprimido porque de fuego están prohibidas en los centros educativos, que cuentan a menudo con un sótano donde se realizan las prácticas impartidas por militares. «Nosotros no queremos combatir, pero tampoco vamos a huir. Si tenemos que defendernos, lo vamos a hacer», concluía Yakovleva.

La guerra cultural

Defensa de Ucrania es una asignatura presente en los planes de estudio desde hace tres décadas. Anteriormente se denominaba Defensa de la Patria, pero el Ministerio de Educación y Ciencia decidió cambiar la nomenclatura en 2020. «Nuestra educación ha heredado durante mucho tiempo el paradigma soviético, y el término Defensa de la Patria es una de las manifestaciones. Es un error que en el quinto, casi sexto año de la guerra, todavía no nos molestamos en reemplazar el nombre absolutamente por Defensa de Ucrania», justificó en febrero de 2020 la ministra Ministra de Educación y Ciencia de Ucrania, Anna Novosad.

Esta asignatura es una demostración de que la Educación y el uso de las palabras es otro campo de batalla en las relaciones entre Rusia y Ucrania, en especial en las regiones de Donetsk y Lugansk. Allí, los prorrusos son muy críticos con el sistema educativo y denuncian que la educación se imparta íntegramente en ucraniano cuando el 80% de la población es ruso parlante. La lengua ha sido en los últimos años una de las principales protagonistas en el tablero político y educativo, usada por Kiev para frenar el ruso en la sociedad, y utilizada por Moscú como argumento para ejercer presión e influencia sobre el país. En 2014, para justificar la anexión de Crimea y su intervención en el este de Ucrania, Rusia aludió, entre otras razones, a problemas de índole lingüístico y denunció el intento de la Rada Suprema ucraniana de aprobar una ley para restringir las lenguas minoritarias en las regiones.

En septiembre de 2017 se aprobó una Ley de Educación que estableció la prioridad del idioma ucraniano en el sistema educativo. De este modo, se vieron reducidos los derechos de las minorías a recibir educación en su propio idioma, tal y como recoge la constitución ucraniana, que estipula la defensa del ruso —un 29,6% de la población del país lo considera su lengua materna, según el censo de 2001— y de los idiomas minoritarios (actualmente hay presencia de húngaro, rumano, polaco…). Este paso, que Moscú calificó de «etnocidio ruso», también supuso una restricción a la carta europea de lenguas regionales ratificada por Kiev. Se cuestionaba por tanto la garantía de una escolarización en la lengua materna en la enseñanza primaria y secundaria e incluso en la Universidad, como regía hasta entonces. La ley educativa de 2017 solo la garantiza en la fase preescolar y primaria a las «minorías lingüísticas», y hasta la secundaria en el caso de los «pueblos indígenas». Tanto para las «minorías» como para los «indígenas», las clases en lengua materna se imparten en grupos separados con dicha ley y sus idiomas no se enseñan en los grupos formados por estudiantes de lengua materna ucraniana, que no entran en contacto con ellos.

El pasado año, Kiev dio un paso más en su política lingüística y el 16 de julio de 2021 entraron en vigor nuevas regulaciones en la ley de idiomas —adoptada en 2019— para priorizar el ucraniano en la vida pública en otro intento de alejarse de la influencia rusa. El objetivo: «aumentar la presencia del ucraniano en la vida pública y consolidar su condición de lengua estatal», declaró entonces Taras Kremin, defensor del Idioma de Ucrania. Las nuevas reglas fueron criticadas internacionalmente. Por ejemplo, la Comisión de Venecia del Consejo de Europa concluyó que no aseguraba un equilibrio entre la protección del idioma ucraniano y las lenguas minoritarias. Las nuevas disposiciones se encaminaron al sector cultural y el entretenimiento, el turismo, la edición de libros, la producción de películas y los programas de televisión. Kiev considera la ley de idiomas una «acción para afirmarse» y proteger el ucraniano después de siglos de control ejercido por el imperio ruso y el régimen soviético.

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