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Violencia en las aulas, ¿un problema de percepción?

  • 26-4-2021 | Daniel Martín Arias
  • Un reciente estudio apunta que tanto profesores como alumnos normalizan el acoso
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Del poliédrico problema del bullying solo vemos la punta del iceberg. Los que lo sufren y lo practican, aun siendo protagonistas, a veces tampoco acaban de focalizar una realidad que más que ser invisible está invisibilizada. A veces por los propios docentes.

Así se desprende de un reciente estudio elaborado por la Liga Española de la Educación y financiado por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. El informe Particip-Arte. Desmontando la normalización de la violencia, publicado hace pocos días, se basa en entrevistas con 1.192 alumnos y 138 profesores de centros de Infantil y Primaria de Andalucía, Canarias, Madrid y Región de Murcia y algunas de sus conclusiones son preocupantes.

Violencia muy presente

Por ejemplo, dos de cada diez profesores, en concreto el 21%, consideran que en su centro «está muy presente la violencia». El 11% tiene dudas al respecto y casi el 66% cree que no se producen con frecuencia comportamientos violentos en su colegio.

Aquí es donde entra en juego la invisibilización del problema. Los autores del documento admiten que la mayoría de los docentes son críticos y «conscientes del grado de impregnación de la violencia en la sociedad y en sus comunidades educativas», sin embargo, también afirman que durante la elaboración de la investigación encontraron «a docentes que se resisten a reconocer la gravedad del problema y las consecuencias de que se produzcan estas agresiones».

«Son precisamente estas actitudes de permisividad ante episodios de violencia las que hacen que las agresiones pasen a formar parte de nuestra cotidianidad, neutralizando sí posibles intervenciones adultas. Si al presenciar una agresión no se es consciente de que lo que está sucediendo es violencia, no se actuará para reconducir la situación y el problema se agravará», añaden al respecto.

«La vida cotidiana en la escuela está trufada de episodios de violencia directa», reza el estudio

La visión de profesorado y alumnado en torno a la violencia en los centros educativos analizados varía bastante. «Apreciamos cómo para el alumnado la vida cotidiana está trufada de episodios de violencia directa, tanto física como verbal. Estos comportamientos están muy alejados de lo que se debería producir en un lugar considerado seguro», apunta el estudio de la Liga Española de la Educación, entidad presidida por Victorino Mayoral Cortés, uno de los mayores impulsores de la entrada en el currículo de la extinta asignatura Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, durante el mandato del expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

Desde la óptica de los escolares, casi el 11% preguntado afirmó que no considera su centro como un lugar seguro. La mayoría de los alumnos encuestados, el 59,7%, aseguró haber presenciado alguna vez cómo pegaban a un compañero y cuatro de cada diez dijo haber sido agredido físicamente en alguna ocasión en el centro educativo. Dentro de la violencia física, el 21,1% reconoció que muchas veces solucionaba sus problemas peleándose y el 21,2% también aseveró haber pegado a algún compañero o compañera. Los motivos, a veces de lo más triviales. Por ejemplo, casi tres de cada diez estudiantes justificaron que «cuando alguien se corta el pelo es normal que le den collejas».

Insultos habituales

Las cifras del informe Particip-Arte también son elevadas en el caso de la violencia verbal que, como se suele decir, a veces duele más que la física. Así, casi siete de cada diez escolares han visto cómo alguien insultaba a algún compañero y más de la mitad, el 54,5% admitía haber sido el foco de esos insultos. Casi el 30% también reconocía haber insultado a algún compañero y el 7,5% dijo sentir gracia con las burlas hacia otros alumnos. La reacción ante la presencia de acciones como estas varía ligeramente si el agredido o insultado es amigo o no. El 71,9% dice intentar cortar la situación si el perjudicado es su amigo y el 69% lo hace tanto si la víctima es amiga o no. Ocho de cada diez ven una buena opción pedir ayuda a un profesor. Tanto en los casos en que se pide ayuda al docente si se presencia una agresión como en el caso de estar teniendo un problema entre iguales el dirigirse al profesorado es algo que se va reduciendo según se avanza de curso.

Asimismo, casi el 6% se uniría a pegar o insultar a la persona que está siendo agredida de manera física o verbal y el 9% de los alumnos no haría nada en caso de estar presenciando un incidente de este tipo. En este sentido cabe resaltar que ante la afirmación «chivarse está mal» no hay unanimidad entre los alumnos, divididos en dos partes prácticamente iguales entre los que creen que la frase es verdadera y falsa.

El 16% del profesorado encuestado reconoció insultar a sus alumnos para corregir su comportamiento

Con un porcentaje inferior, pero como una señal que debería invitar a la reflexión de la comunidad educativa, el estudio indica que el 7,8% de los alumnos alude a que «en la escuela es habitual que el profesorado nos grite o insulte». ¿Y qué dicen sobre esto los docentes preguntados? Pues casi el 16% confiesa que suele insultar al alumnado cuando tiene que corregir su comportamiento, frente a casi el 70% que dice no hacerlo y un 13% que se muestra dudoso al respecto. Estos insultos no serían habituales, ya que solo el 2,2% dice insultar a sus alumnos, aunque sea de forma cariñosa. En sentido inverso, casi el 24% del profesorado asevera haber sido insultado alguna vez por sus estudiantes.

Destacan también otros resultados del estudio, como el hecho de que el 7,3% de los docentes corrija a los alumnos de origen latinoamericano si no habla o pronuncia como en España, que una cuarta parte de los alumnos diga haber sido «abrazado, besado, pellizcado o acercado demasiado» sin su consentimiento por parte de algún compañero y que el 12,3% considere que si algún igual le insulta o le agrede es porque le gusta.

Respecto al origen del problema de la violencia en las aulas, la mayoría de los docentes encuestados señalan a las familias. El 29,7% colocan al entorno familiar como el que más influye, seguido de la sociedad (el 18,8%), el barrio (14,5%) y, en último lugar, el propio centro, factor más relevante para casi el 14%. Los alumnos, en su inmensa mayoría, el 93,9% se refirió a su hogar como un lugar seguro, aunque también la práctica totalidad de los encuestados afirmó que en su casa es habitual que le griten o insulten. El 14,4% estaba muy de acuerdo con la frase y el 83,6%, bastante de acuerdo.

Sin cifras oficiales actualizadas

¿Qué nos dicen las cifras oficiales? ¿Son seguros los centros españoles? No hay un registro actualizado ni indicadores comunes entre comunidades autónomas. El último se basó en el registro de llamadas al teléfono contra el acoso escolar (900 018 018) que, entre octubre de 2017 y noviembre de 2018 contabilizó 12.799 llamadas, casi la mitad de las algo más de 25.000 del año anterior, según los datos del Ministerio de Educación y Formación Profesional. De ese volumen de llamadas, 5.557 se refirieron a posibles casos de acoso. En ocho de cada diez llamadas eran los padres quienes llamaban, frente a solo el 3,78% en el caso del alumnado. En el 73% de los posibles casos, las víctimas llevaban meses o incluso años sufriendo insultos, vejaciones o ataques físicos antes de avisar a las autoridades. Más de la mitad, el 54%, aseguraba además sufrir diariamente estas situaciones de acoso.

Unas cifras que solo suponen la parte que sobresale del agua de ese iceberg del bullying. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, el «índice de exposición al acoso» entre estudiantes en España es del 17%, aunque solo se refiere a los de 15 años de edad que participan en el informe PISA. Según este indicador, España no estaría tan mal parada frente a la media del conjunto de los países que conforman la OCDE, que se sitúa en el 23%.

El Ministerio de Educación y FP que encabeza la ministra Isabel Celaá reactivó el pasado mes de noviembre el Observatorio de la Convivencia Escolar, que llevaba nueve años sin reunirse. Según informó en el ministerio, el objetivo fue «avanzar y encontrar respuestas que mejoren la convivencia en nuestras escuelas», para lo que presentó unas líneas de actuación «a partir de las cuales se podrán articular las medidas necesarias para mejorar el clima escolar». Entre ellas, la prevención, detección y apoyo a las víctimas de acoso y violencia —especialmente a «grupos vulnerables por motivos de género, origen, etnia, LGTBI+, diversidad funcional, etc»—, o la formación del profesorado, alumnado y familias en relación con la convivencia. En otras palabras, «garantizar la convivencia exige que la comunidad educativa construya relaciones interpersonales positivas promovidas por una cultura escolar de alta cohesión en la que el respeto y la dignidad de la persona estén por encima de cualquier otro valor», como apuntó Celaá entonces.

Puede acceder al infome PARTICIP-ARTE en este enlace.

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