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María Pareja, escritora y docente: «La falta de una educación sexual integral ha dejado el terreno libre a una tecnología que solo busca captar la atención»

  • 29-1-2026 | N. García
  • El aula ha dejado de ser el único espacio de aprendizaje y los libros de texto ya no son la fuente principal de respuestas para los jóvenes. En su lugar, un algoritmo silencioso y voraz está moldeando la identidad de la Generación Z. María Pareja Olcina (Barcelona, 1981) —catedrática, doctora en Literatura y periodista— lleva años observando este fenómeno desde la primera línea: su pupitre de docente en Benicàssim. Para Pareja, la crisis no es solo educativa, sino relacional.
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María Pareja Olcina (Barcelona, 1981) es mucho más que una profesora de Lengua y Literatura. Catedrática de Lengua Castellana y Literatura, doctora con premio extraordinario y licenciada en Periodismo, ha convertido su experiencia diaria en las aulas en una de las investigaciones más lúcidas sobre la adolescencia actual. Desde su puesto en el IES Violant de Casalduch, en Benicàssim, Pareja ha detectado antes que las instituciones los problemas que marcan a la Generación Z: el ciberacoso, la salud mental y, de forma más urgente, la distorsión afectiva provocada por el acceso temprano a la pornografía.

Su trayectoria se define por lo que ella denomina "literatura de intervención". Tras el éxito de títulos como Dame un like o Primavera 2020, su trabajo actual se centra en "PorNO quererme" (2024), una obra que disecciona cómo el consumo masivo de contenidos para adultos está suplantando a la educación sexual en los institutos. En sus páginas, y en su labor diaria como investigadora del grupo TALIS de la Universitat de València, Pareja analiza sin filtros cómo el algoritmo está reescribiendo los conceptos de consentimiento y autoestima entre los más jóvenes.

Actualmente, compagina su labor docente con la vicepresidencia de la Asociación de Escritores de la Provincia de Castellón y la divulgación en foros de innovación educativa. En esta entrevista, analizamos con ella la realidad de un aula donde la pantalla suele llegar antes que la palabra y por qué la educación afectiva es hoy la asignatura más urgente del currículo.

«Hemos perdido como sociedad en el momento en que el acceso digital se adelantó a la educación afectivo-sexual, sin que el mundo adulto reaccionara a tiempo»

María, sueles decir que los jóvenes encuentran pornografía antes que educación sexual sobre su propio cuerpo. ¿En qué momento exacto hemos perdido el paso como sociedad para que el algoritmo sea hoy un educador más eficiente que la escuela o la familia?

Hemos perdido como sociedad en el momento en que el acceso digital se adelantó a la educación afectivo-sexual, sin que el mundo adulto reaccionara a tiempo. Según investigaciones recientes, la mayoría de adolescentes ven pornografía por primera vez alrededor de los 12 años, y una proporción muy alta (7 de cada 10) la consumen con frecuencia, mayoritariamente desde dispositivos móviles y en soledad, sin filtros ni mediación educativa1. Mientras la educación sobre el propio cuerpo, el deseo o el consentimiento llega más tarde o de forma fragmentaria. En ese vacío, el algoritmo actúa como educador no intencional, ofreciendo modelos de sexualidad basados en la cosificación, la desigualdad y la violencia simbólica. No es que los jóvenes elijan aprender sexualidad en internet, sino que la falta de una educación sexual integral, temprana y crítica deja el terreno libre a una tecnología diseñada para captar atención, no para educar, con consecuencias visibles en sus expectativas, relaciones y formas de entender el vínculo con el otro.

En tu obra PorNO quererme (Porno ham, en catalán), abordas la pornografía no solo como un contenido, sino como un modelo de "desaprendizaje" afectivo. ¿Cuál es el mito o idea errónea más peligroso que ves que los adolescentes están normalizando actualmente?

El mito más peligroso que observo es la idea de que el deseo del otro se puede dar por supuesto y que el silencio, la pasividad o la falta de resistencia equivalen a consentimiento. La pornografía mainstream normaliza una sexualidad en la que no hay diálogo, reciprocidad ni cuidado, y eso genera un profundo desaprendizaje afectivo: se aprende a interpretar el cuerpo ajeno como disponible y el propio deseo como algo que debe imponerse.

El verdadero riesgo es el modelo relacional que se filtra: una sexualidad sin responsabilidad afectiva, sin límites claros y sin empatía. Por eso, la literatura y el teatro permiten precisamente eso: detener la escena, mirarla desde dentro y cuestionar aquello que parecía normal, pero no lo es.

«El mito más peligroso que observo es la idea de que el deseo del otro se puede dar por supuesto y que el silencio, la pasividad o la falta de resistencia equivalen a consentimiento»

Has anunciado que estás preparando adaptaciones teatrales de tu obra para las aulas. ¿Qué aporta el lenguaje escénico y la interpretación que no consiga una charla teórica tradicional a la hora de prevenir riesgos emocionales?

Aunque actualmente una compañía de actores y actrices profesionales está trabajando en la adaptación escénica de PorNO quererme / Porno ham para llevarla a los centros educativos y generar espacios de debate guiado con jóvenes, lo más significativo es que muchos centros ya han optado por trabajar la obra directamente en el aula a través de la lectura, la lectura dramatizada o la representación.

El lenguaje escénico aporta algo que una charla teórica difícilmente consigue: implicación emocional, identificación y experiencia vivida. La lectura del texto teatral ofrece una enorme versatilidad pedagógica y permite al alumnado encarnar otras personalidades, situarse en contextos distintos a los propios y observar los conflictos desde otras esferas. No se trata solo de leer una historia, sino de cuestionarla y mirarla desde dentro, lo que favorece la empatía, el pensamiento crítico y la reflexión sin moralismos.

La obra se construyó a partir de un proceso de documentación basado en testimonios reales de personas con adicción a la pornografía, recopilados con la colaboración de la plataforma Dale Una Vuelta. Estas experiencias están integradas de forma simbólica en los personajes y permiten mostrar al alumnado las consecuencias emocionales y relacionales de un consumo normalizado, que no siempre aparecen solo en la adultez: profesionales y asociaciones especializadas advierten de que estos efectos pueden manifestarse ya en la adolescencia tras años de exposición continuada, afectando de forma significativa al bienestar personal y afectivo.

La ficción permite la empatía. Al llevar estas historias a las aulas, ¿has notado que los alumnos se sienten más libres para admitir sus dudas o miedos al verse reflejados en personajes de ficción?

El feedback de docentes, adolescentes y familias está siendo muy positivo. Como autora, he recibido mensajes de adolescentes que agradecen haber podido reflexionar sobre la pornografía desde otro lugar, y de familias que han encontrado en la lectura un punto de partida para iniciar conversaciones que resultaban difíciles.

La ficción ofrece un espacio de identificación que libera porque no hablan de sí mismos, pero sí desde aquello que reconoce en los personajes. Al verse reflejados en una historia de ficción, se sienten más libres para expresar dudas, miedos o contradicciones sin exponerse, lo que facilita conversaciones más honestas y profundas en el aula.

Como adultos, debemos asumir que nuestros adolescentes llevan años consumiendo pornografía y que no necesitan más silencio ni discursos moralizantes, sino referentes adultos que les hablen de sexualidad en términos afectivos, de cuidado, de respeto y de vínculo.

Uno de los pilares de tu trabajo es el consentimiento. ¿Cómo se le explica a un adolescente qué es el deseo real cuando su único referente audiovisual es una representación de la sexualidad basada en el poder y la cosificación?

En la investigación previa a la obra y en las conversaciones mantenidas con familias y docentes, hay una constatación que se repite y que resulta especialmente preocupante: muchos adolescentes quedan directamente para mantener relaciones sexuales, obviando todo el proceso previo de seducción, enamoramiento, complicidad o el primer beso. Se está perdiendo lo mejor de la experiencia afectiva y, en muchos casos, también lo mejor de enamorarse en la adolescencia.

Construir una relación sexual es mucho más que una penetración.

Por eso, el consentimiento no puede enseñarse como una norma abstracta, sino como una experiencia relacional. Supone comprender que el deseo del otro no se adivina ni se da por hecho, sino que se construye en el encuentro y en la posibilidad real de decir que no sin miedo ni consecuencias. Cuando el único modelo que han visto es uno basado en el rendimiento y la dominación, es urgente ofrecer otros relatos que recuperen una vivencia de la sexualidad que no borre el proceso, sino que lo coloque en el centro.

En tus intervenciones mencionas a menudo la importancia de la "mirada crítica". ¿Cómo podemos enseñar a un joven a "leer" una imagen pornográfica de la misma manera que le enseñamos a analizar un texto literario?

Implica trasladar a la cultura visual las mismas herramientas que usamos para analizar un texto literario. Igual que enseñamos a preguntarnos quién habla, desde dónde y con qué intención en un relato, debemos ayudarles a cuestionar qué modelo de sexualidad se muestra, quién tiene el poder, qué cuerpos se repiten y qué emociones o voces quedan fuera.

Una imagen pornográfica no es neutra: es una construcción industrial, con intereses económicos y un relato muy limitado del deseo, donde suelen desaparecer el consentimiento explícito, el cuidado y la reciprocidad. Cuando el joven entiende que lo que ve no es "la realidad", sino un relato sesgado, aparece la distancia y disminuye la identificación automática.

En la web docentes y familias pueden encontrar recursos gratuitos, fragmentos seleccionados, guías descargables y actividades pensadas para abordar esta problemática en el aula o en casa.

Muchos padres y madres reaccionan desde el miedo o la prohibición. ¿Cuál es la "puerta de entrada" que recomiendas para iniciar esta conversación en casa sin que el adolescente se cierre en banda?

Uno de los principales obstáculos es que muchas familias sienten miedo o incomodidad al hablar de sexualidad y, aunque exista interés, el adolescente no siempre se siente preparado para abordar estos temas de forma directa en casa. Cuando la conversación se plantea desde la pregunta frontal o la advertencia, es habitual que se cierre en banda.

Por eso, la mejor puerta de entrada suele ser la conversación indirecta. Hablar de sexualidad, de relaciones sanas o de consentimiento en una cena, entre adultos, sin interpelar directamente al hijo o a la hija, permite que el tema aparezca sin presión. Aunque no participe activamente, el adolescente está escuchando: observa cómo dos personas adultas hablan con naturalidad, respeto y afectividad sobre una relación sexual saludable.

En el aula y a través de la lectura, este trabajo suele resultar más sencillo. El grupo de iguales, la mediación del profesorado y el trabajo en pequeños grupos cooperativos le ofrecen mayor libertad para expresarse, formular dudas o escuchar a sus compañeros sin sentirse señalado.

Como adultos, debemos entender que es necesario dar espacio a estas conversaciones para crear un clima de escucha, donde el adolescente sienta que puede acercarse.

El título de tu proyecto, PorNO quererme, vincula directamente el consumo de estos contenidos con la autoestima. ¿De qué manera el porno convencional está rompiendo la relación de los jóvenes con su propia autoimagen?

El porno mainstream rompe la relación de muchos jóvenes con su autoimagen de dos maneras muy visibles: por comparación y por reducción del valor personal al "cuerpo-objeto".

En primer lugar, llega demasiado pronto y sin mediación adulta. En España, Save the Children señala que el primer contacto suele producirse en torno a los 12 años, en ese momento evolutivo, la identidad corporal y afectiva aún se está construyendo, y el porno mainstream ofrece un "manual" audiovisual basado en estándares corporales irreales, rendimiento y jerarquías de poder, que poco tienen que ver con una vivencia sana del deseo.

En segundo lugar, este aprendizaje se produce dentro de un entorno digital que ya está afectando de forma significativa a la autoestima y la salud mental2. La OMS recuerda que 1 de cada 7 jóvenes de entre 10 y 19 años vive con algún problema de salud mental y UNICEF subraya que el suicidio es una de las principales causas de muerte en adolescencia. En España, los datos oficiales evidencian la magnitud del problema: en 2024 fallecieron por suicidio 90 menores de 20 años, catorce más que el año anterior3 .

Por eso el título PorNO quererme apunta directamente a esa herida: cuando el deseo se aprende desde la cosificación, se daña la posibilidad de quererse (y de querer bien). Y en la versión catalana, Porno ham refuerza la metáfora: el porno como "ham" (anzuelo), porque atrapa la atención y acaba condicionando la manera en que los jóvenes se miran, se vinculan y entienden el afecto.

«Llegamos tarde a la regulación del acceso a contenidos pornográficos, y eso ha tenido consecuencias claras en varias generaciones de adolescentes que han crecido sin filtros ni mediación»

Estamos viendo un aumento de la violencia sexual entre menores. ¿Crees que la solución pasa por una ley de acceso a contenidos o por una presencia obligatoria y transversal de la educación afectivo-sexual en el currículo escolar?

No se trata de elegir entre una o la otra: ambas son necesarias y complementarias. Llegamos tarde a la regulación del acceso a contenidos pornográficos, y eso ha tenido consecuencias claras en varias generaciones de adolescentes que han crecido sin filtros ni mediación. Aun así, eso no significa que no deba implementarse cuanto antes.

Sin embargo, una ley por sí sola no repara el daño ya causado ni transforma las conductas aprendidas. Por eso, la verdadera respuesta pasa por un plan integral: regulación del acceso, pero acompañada de una presencia obligatoria y transversal de la educación afectivo-sexual en el currículo escolar, no como un contenido puntual, sino como un eje educativo que atraviese las etapas y las materias. Solo así podremos prevenir, reparar y ofrecer a los jóvenes modelos relacionales alternativos a los que hoy están aprendiendo en soledad y sin referentes adultos.

«La escuela y los centros educativos debemos acompañar a los jóvenes en un entorno que los adultos hemos construido y permitido. No podemos dejarles solos ante un mundo digital y emocional complejo; es imprescindible crear más espacios para trabajar la autoestima, el bienestar emocional y la mirada crítica»

Para terminar, María, si pudieras pedirle una sola acción concreta a las instituciones educativas para 2026 en esta materia, ¿cuál sería el primer paso imprescindible?

La escuela y los centros educativos debemos acompañar a los jóvenes en un entorno que los adultos hemos construido y permitido. No podemos dejarles solos ante un mundo digital y emocional complejo; es imprescindible crear más espacios para trabajar la autoestima, el bienestar emocional y la mirada crítica.

Este acompañamiento solo es posible con el apoyo real de las instituciones al profesorado y con la implicación de las familias. Vivimos en una sociedad que tiende a fragmentarse, y quienes más lo sufren son los jóvenes. Si queremos proteger su futuro —en un contexto donde la inteligencia artificial tendrá un papel decisivo—, necesitamos unirnos como comunidad educativa, como humanidad, y asumir que el acompañamiento emocional y ético es más importante que cualquier contenido curricular.

1Save the Children. (2020). Desinformación sexual: Pornografía y adolescencia. https://www.savethechildren.es/informe-desinformacion-sexual-pornografia-y-adolescencia

2World Health Organization. (2023). Adolescent mental health. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health

3Plataforma Nacional de Suicidio. (2024). El Instituto Nacional de Estadística libera los datos de mortalidad por suicidio en 2024.

https://www.plataformanacionalsuicidio.es/noticias/el-instituto-nacional-de-estadstica-libera-los-datos-de-mortalidad-por-suicidio-en-2024-la-tasa-desciende-hasta-81-por-cada-100000-habitantes

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