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La generación Kintsugi o cómo reconstruir el futuro

Reig Hernández, Dolors

Cuadernos de Pedagogía, Nº 539, Sección Tema del Mes, Febrero 2023, Cuadernos de Pedagogía

Débiles, incapaces, alienados, desconectados de la naturaleza y de la realidad, deprimidos, frágiles, de cristal. El 8,8% de los adolescentes catalanes asegura, en un estudio reciente del Departament de Educación y el de Salud de la Generalitat, tener ganas de morirse o de dormirse y no volver a despertar.

Dolors Reig Hernández

Psicóloga Social (@dreig) - El caparazón (dreig.eu)

(Coordinación)

Débiles, incapaces, alienados, desconectados de la naturaleza y de la realidad, deprimidos, frágiles, de cristal. El 8,8% de los adolescentes catalanes asegura, en un estudio reciente del Departament de Educación y el de Salud de la Generalitat, tener ganas de morirse o de dormirse y no volver a despertar.

Probablemente sea una consecuencia más de la maldita pandemia, de la guerra, de las mil cosas que se desmoronan, de la soledad en la que han crecido en muchos casos, huérfanos digitales en un mar que sus mayores se negaban a navegar. «Son como ratitas en un experimento de indefensión aprendida», ilustraba un miembro del Consejo de la Juventud en una entrevista reciente. «Hagan lo que hagan, la corriente les va a dar», continuaba. «Están reaccionando a un entorno hostil y, al final, se encuentran un precipicio», concluía.

Observaremos de la mano de los autores de este monográfico la preocupación, las propuestas de una mejora ya inaplazable. Isabel Morales, desde su experiencia clínica con niños y niñas, alerta: son tiempos para cuidar. En la misma línea, Gabriel Navarro, experto en juventud, sitúa el foco en atender los graves problemas de salud mental que sufre la generación en quien debemos confiar nuestro futuro.

Para ello resulta fundamental recuperar el optimismo, intentar observar el mundo a través de sus lentes policromáticas. Y es que lo que no mata, te hace más fuerte; de todo lo malo se aprende; y quizás, en muchos casos, más que de cristal, estemos hablando de la generación de acero. De eso, de la resiliencia, sabe mucho Ana Forés, que coincide conmigo en que son tiempos para la utopía.

La utopía sin renunciar a la realidad ecológica del mundo en que vivimos, el mundo mejor de átomos y corazones que laten y no de bits que a veces hacen latir pero que en sí mismos nunca han sido y nunca serán suficientes. Es infinito el potencial que se malgasta día a día en construir fantásticos metaversos (videojuegos, plataformas virtuales, etc.), renunciando a cambiar una difícil realidad. No es momento, nos dicen Jordi Bernabeu y Manuel Velasco, de alienarse en las tecnologías, sino de apropiarlas de una vez. Algunas claves para ello nos las ofrecen Xavier, Pere, Emili y Raquel desde los Servicios Territoriales de Educación en la Cataluña central. También, voces a pie de trinchera, como la de Toni Solano, mantienen la esperanza en una generación con valores, proactiva y crítica, capaz aún de salvarnos del meteorito.

Hablo desde hace un tiempo de generaciones de la responsabilidad. Sobre todo, la pandemia y sus dosis de miedo, dolor e incertidumbre en el ámbito intrafamiliar, han acrecentado un fenómeno que nacía en la inmersión precoz de nuestros jóvenes en la cruda realidad que internet supuso. Pedir a los niños que no salieran a la calle, que no socializaran, que se conformasen con paraísos sucedáneos y artificiales tras la pantallas, ha supuesto el sacrificio de lo poco que quedaba de su infancia.

Visto en positivo, sin embargo, si hemos sabido trasladárselo así, los más pequeños han sido durante la pandemia más responsables que nunca antes, héroes sociales que se han sacrificado a base de mascarillas, aburrimiento y soledad por la salud de sus mayores. Además, los más jóvenes han tenido todo el tiempo del mundo para algo que las redes sociales, la conexión permanente, parecían impedir: estar consigo mismos, ejercitar esa introspección que en el ser humano puede tener un potencial tremendamente sanador.

Se denomina kintsugi y ha cobrado actualidad como metáfora de los tiempos que vivimos, la técnica japonesa que consiste en reparar piezas de cerámica rotas con oro.

Y oro es la responsabilidad que hoy podemos rescatar, extraer con cinceles de optimismo en nuestros jóvenes, para repararnos, reinventarnos y construir una realidad de la que ya ninguna tecnología nos tiente a escapar.

Espero que encontréis en estas páginas pistas para todo ello.

Palabras clave: Juventud. Salud mental. Resiliencia. Responsabilidad. Resiliencia. Incertidumbre. Tecnologías.

Abstract: Weak, incapable, alienated, disconnected from both nature and reality, depressed, fragile, made of glass. In a recent study by the Department of Education and Health of the Catalan regional government (Generalitat), 8.8% of Catalan adolescents said they wanted to die or go to sleep and never wake up again.

It is probably yet another consequence of the wretched pandemic, of the war, of the thousand things that fall apart, in many cases of the loneliness in which they have grown up, digital orphans in a sea that their elders refused to navigate. «They are like little mice in an experiment of learned helplessness,»explained a member of the Youth Council in a recent interview.«Whatever they do, they’ll got lost in the current,» she continued.«They are reacting to a hostile environment and finally end up on the edge of a cliff,»she concluded.

As the authors of this case study will show, the concern is palpable and the proposals for an improvement cannot be postponed. Isabel Morales, from her clinical experience with children, warns that these are times to care. In the same vein, youth expert Gabriel Navarro focuses on addressing the serious mental health problems suffered by a generation to whom we must entrust our future.

For this reason, it is vital to recover optimism, to make every effort to observe the world through its polychromatic lenses. Because what doesn’t kill you, makes you stronger; you learn from all negative experiences and in many cases this is perhaps a generation made of steel rather than glass. Ana Forés knows a lot about that, about resilience, and she agrees with me that these are times for utopia.

Utopia without renouncing the ecological reality of the world we live in, the better world of atoms and hearts that beat and not that of bits that sometimes make them beat but that in themselves have never been and never will be enough. The potential that is wasted day after day in building fantastic metaverses (video games, virtual platforms, etc.) is infinite, renouncing the need to change a difficult reality. According to Jordi Bernabeu and Manuel Velasco, this is not the time to become alienated from technologies, but rather to appropriate them once and for all. Some keys to achieving this are offered by Xavier, Pere, Emili and Raquel from the Territorial Education Services in central Catalonia. Voices from the frontline, such as that of Toni Solano, likewise maintain hope in a generation with values, proactive and critical, still capable of saving us from the meteorite.

I have been speaking for some time about generations of responsibility. Above all, the pandemic and its doses of fear, pain and uncertainty in the home environment have driven a phenomenon that was born in the early immersion of young people in the harsh reality of the internet. Asking children not to go out into the street, not to socialise, to settle for the substitute and artificial paradises found behind screens, has resulted in them sacrificing what little was left of their childhood.

Seen positively, however, if we have been able to transfer it to them like this, the youngest family members have been more responsible than ever during the pandemic, social heroes who have made great sacrifices with masks, boredom and loneliness for the health of their elders. In addition, children have had all the time in the world for something that social networks and being permanently connected seemed to prevent: being by themselves, exercising an introspection that can have an immensely healing potential in human beings.

It is called kintsugi and it has gained relevance as a metaphor for the times we live in, the Japanese technique that consists of repairing broken ceramic items with gold. And gold is the responsibility that we can rescue today, that we can extract from our children with chisels of optimism with a view to repairing ourselves, reinventing ourselves and building a reality from which no technology can tempt us to escape.

I hope that you will find starting points for all this on these pages.

Keywords: Youth. Mental health. Resilience. Responsibility. Uncertainty. Technologies.

La generación Kintsugi o cómo reconstruir el futuro

Dolors Reig Hernández

Cambios generacionales: Las TIC y el trabajo con jóvenes

Gabriel Navarro

Basta ya de distopía, volvamos a la utopía

Anna Forés Miravalles

La era digital: una oportunidad para repensar la educación

Xavier Planàs Serradell, Pere Emili Puig Cobos, Raquel García Martínez

La digitalidad como síntoma de expresión del malestar

Jordi Bernabeu-Farrús

La generación del meteorito

Toni Solano

Alumnos «Modo avión»: ¿Qué hacemos?

Manu Velasco

Estrategias de acompañamiento desde la familia y la escuela en tiempos de incertidumbre

Isabel Morales Gil

Salud mental infanto-juvenil: una responsabilidad de todos

M.ª Victoria Sánchez López

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Guadalupe Maldonado|28/02/2023 20:13:39
Gracias Dolors por este post, al igual que tú y los demás autores que mencionas, tengo todavía la esperanza de que en mis jóvenes universitarios rescatar en ellos la capacidad de ver las grandes desventajas como ventajas escondidas, que lo que aparentemente puede ser malo, un cambio de perspectiva hace que surja una nueva realidad. Soy docente universitaria, y considero que las tecnologías son un apoyo que bien conducido puede generar mucho beneficio, sin embargo, es importante como dice Gerd Leonhard "La tecnología es el cómo del cambio, pero los humanos somos el porqué... la nueva forma de trabajar pasa por abrazar la tecnología pero no en convertirnos en tecnología...el futuro verdadero es ser trascendentes, por eso la creatividad, la ética, la imaginación, la intuición, la emoción serán rasgos humanos que serán más relevantes, porque las máquinas son grandes en simulación pero no en ser", por lo cual, la tecnología llegó para quedarse, pero hay que enseñar a nuestros jóvenes a cómo gestionarla de una forma crítica y creativa, y en el proceso, darnos la oportunidad de aprender con ellos. Gracias por leerme. Buen día.Notificar comentario inapropiado
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