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Federico Buyolo: «La Lomloe es la piedra angular del futuro cambio»

Director de innovación cultural de la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón

Carmen Pellicer

Directora de Cuadernos de Pedagogía

Cuadernos de Pedagogía, Nº 529, Sección Entrevista, Marzo 2022, Wolters Kluwer

En una mañana soleada pero fría, con un cielo nítidamente azul, recibimos a nuestro invitado para conversar sobre educación, pandemia, aprendizajes, docencia, incertidumbre y futuro, entre otros temas, pero desde el presente. Dos palabras, incertidumbre y futuro, estrechamente relacionadas tras la aparición del Covid-19, y sobre las que nuestro entrevistado es rotundo: «tenemos que educarnos en la incertidumbre».

Federico Buyolo es licenciado en Pedagogía y Máster de Investigación e Innovación Educativa (UNED). Durante ocho años fue concejal del Ayuntamiento de Elche y posteriormente fue nombrado director de la Oficina de la Alta Comisionada para la Agenda 2030 en España. A lo largo de estos años siempre ha estado vinculado en la Administración a temas de Educación.

Actualmente, ocupa el cargo de director de Innovación Cultural de la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón.

On a sunny but cold morning, with a clear blue sky, we welcome our invited to talk about education, pandemic, learning, teaching, uncertainty and future, among other topics, but from the present. Two words, uncertainty and future, closely related after the appearance of Covid-19, and on which our interviewee is resounding: «we have to educate ourselves in uncertainty».

Federico Buyolo has a degree in Pedagogy and a Master's Research and Educational Innovation (UNED). For eight years he was a councilor of the City Council of Elche and was later appointed director of the Office of the High Commissioner for the 2030 Agenda in Spain. Throughout these years he has always been linked in the Administration to Education issues.

He currently holds the position of Director of Innovation Cultural of the Ortega y Gasset-Gregorio Marañón Foundation.

Innovación educativa. Municipalidad. Incertidumbre. Formación del profesorado. Currículum. Consensos. Transformación.
Educational innovation. Municipality. Uncertainty. Teacher training. Resume. Consensus. Transformation.

Bienvenido, gracias por aceptar la invitación de Cuadernos de Pedagogía. Mi primera pregunta es ¿Quién es Federico Buyolo?

Me defino como un pedagogo que no ha tenido la suerte de trabajar en un aula pero sí en políticas educativas. Siempre he intentado llevar la pedagogía en todos los ámbitos en los que he estado trabajando. Fui ocho años concejal en el Ayuntamiento de Elche (2003-2011). Posteriormente, fui diputado nacional en la X Legislatura. Más recientemente, director general Oficina Alto Comisionado para la Agenda 2030 de 2018 a 2020. Y hasta hace poco, director adjunto del gabinete de la ministra de Educación y Formación Profesional de España (2020 a 2022). Pero, en el fondo del todo, lo que soy, y como me siento, es un pedagogo.

Un pedagogo que ha estado en política municipal. En otros países el rol de la municipalidad en la educación y en toda la innovación educativa es muy potente y, sin embargo, en España… ¿Es una asignatura pendiente?

Sin lugar a dudas. La autonomía de la que hablamos en educación tiene que ir acompañada también de una descentralización a los gobiernos locales. Los ayuntamientos son clave para esa autonomía de la educación, de los centros educativos. Es verdad que en otros países como, por ejemplo, en Inglaterra, tienen muy desarrollado esos proyectos municipales. Sin embargo, en nuestro país la educación en el ámbito local se ha centrado más en montar centros educativos, su mantenimiento, etcétera. En Unesco se publicó un documento sobre educación inclusiva que hablaba de que los centros educativos tenían que ser el núcleo neurálgico de una ciudad.

Mi trabajo de fin de grado era un estudio sobre las escuelas unitarias en Elche, que tenía en aquel momento 32 escuelas unitarias. Actualmente, aún queda un colegio en una de las pedanías que funciona como un colegio unitario. Me interesaba particularmente ese proyecto. Estos centros, que en su momento habían sido centros educativos, se habían convertido en centros sociales de las propias pedanías.

Defiendo que la escuela debería quitar las vallas porque considero que tiene que estar integrada y esto solo ocurre si hay una autonomía por parte de los municipios para tener en esa educación esa parte fundamental de que los centros educativos sean los que generen esa comunidad.

Has declarado en alguna ocasión que tenemos que educarnos en la incertidumbre. Es verdad que la pandemia pone esta frase en un contexto, incluso, más radical

Hasta ahora hemos tenido dos objetivos en educación. El primero fue la extensión de la educación. El estudio que he nombrado anteriormente sobre las escuelas unitarias recoge que en el año 75 todavía faltaban 200.000 aulas en España. Estamos hablando en plena Democracia. Solo un tres por ciento de la población llegaba a la Universidad y un 25% de personas eran analfabetos funcionales, o leían mal o no sabían leer o no sabían escribir. Había la certidumbre de que había que hacer una cosa. El segundo fue mejorar la calidad de la educación, apoyar la igualdad de oportunidades. Pero, actualmente, la incertidumbre se ha convertido en nuestro día a día y con la pandemia esto se ha agravado exponencialmente. Por qué. Porque, «cuando conseguimos las respuestas nos cambiaron todas las preguntas». Ahora estamos viviendo en esta situación. H.P. Lovecraft, uno de los grandes escritores de novelas de terror, señala que entre todos los miedos la incertidumbre es el miedo más pavoroso que existe. Y es aquí donde nos encontramos. El no saber qué va a pasar genera una incertidumbre muy grande, desasosiego y sobre todo esos efectos que estamos viendo en la salud mental de los niños y de los adultos. Si somos capaces de entender que tenemos que vivir en un mundo en permanente cambio estaremos empezando a educarnos en esa incertidumbre.

Actualmente hay mucho debate sobre la presencialidad o no presencialidad, de cómo ha podido afectar, cuánto aprendizaje se ha perdido… ¿Cuál es tu valoración del impacto del Covid en la educación española?

Tenemos que sacar lecciones muy interesantes. Es verdad que cuando hay noventa mil fallecidos hablar de lecciones aprendidas resulta muy complicado, pero, es cierto que, en el ámbito educativo, en la etapa en la que estaba en el Ministerio de Educación, nos encontramos con que el viernes los niños se fueron a casa y el siguiente lunes les anunciamos que ya no regresaban. A partir de ese momento se tuvo que montar todo. En un primer momento profesores, padres y madres, alumnos, empezaron a hacer muchas cosas sin saber muy bien donde estaban, incluso las editoriales se pusieron al servicio del ministerio. Montamos una página para recoger todos esos documentos, utilizamos la televisión para ofrecer un programa educativo de cinco horas. Destinamos todos los recursos. Ahora bien, cuando ya pasó toda esta etapa inicial, sacamos cosas positivas. Televisión Española sigue manteniendo una hora de programación educativa diariamente incluso con un programa de debate los fines de semana.

«Si somos capaces de entender que tenemos que vivir en un mundo en permanente cambio estaremos empezando a educarnos en esa incertidumbre»

Recuerdo que cuando volvimos a clase por primera vez nos preguntamos, ¿tenemos que volver a lo mismo? Antes de la pandemia la presencialidad no era lo único que se tenía que dar, porque el modelo de clase donde todos estábamos sentados como en un autobús, no era el modelo. Por lo tanto, hay que empezar a pensar que la escuela es un elemento de socialización en el que no todo puede ser ese modelo de educación tradicional que veníamos haciendo. Teníamos que cambiar y favorecernos de los modelos híbridos. Hicimos un estudio con compañeras de la Universidad de Zaragoza donde hablábamos de esa educación híbrida. Pero no solo híbrido por lo digital sino para trabajar de otra manera, para empoderar al profesorado, para personalizar la educación. Esta es la clave. Por supuesto que la presencialidad es importante pero también la sociabilización no tanto para el aprendizaje que aquí tiene que haber otros instrumentos y otras herramientas.

En plena Covid se aprueba la LOMLOE en la que has participado activamente. ¿Cuáles serían, en positivo, las aportaciones más interesantes que tiene la nueva ley?

La Lomloe es la piedra angular del futuro cambio. En las reuniones con la ministra Celaá se hablaba de que esta nueva ley abría un espacio. Abrir la oportunidad y la posibilidad de poder hacer otras cosas que no se cierran en la ley. Sin entrar en polémicas, para mí lo más positivo es que se pone al alumno en el centro de la enseñanza, que se cambian los currículums con esa visión de competencias. Se ha debatido mucho, pero me parece absurdo porque la Unión Europea ya definió qué es una competencia. Y es el constructo complejo entre habilidades, conocimientos y valores.

«Abrir la oportunidad y la posibilidad de poder hacer otras cosas que no se cierran en la ley»

Lo más positivo que nos aporta la ley es que resulta un acicate para el cambio y la transformación. Si a esto unimos la formación del profesorado, la digitalización de la educación, la personalización de la educación y por último la autonomía de los centros educativos, estamos ante un ecosistema que va a permitir que la educación española avance de manera importante.

Ahora que has nombrado la formación del profesorado y que sabes es una de mis grandes inquietudes. ¿Qué claves tendrían que cambiar para alcanzar un modelo al que creo todavía le queda mucho para vencer viejas rutinas no muy eficaces?

Para lograr eso se tienen que producir algunas cosas. Primero, no podemos seguir manteniendo los viejos discursos y permanecer en una situación de bloqueo. Segundo, en el congreso de los diputados hablé mucho sobre la formación del profesorado y siempre planteamos, en la línea del informe McKinsey de 2012, la importancia de la formación inicial del profesorado, del desarrollo profesional y además de la formación del profesorado a lo largo de su carrera docente. Y la mejor manera de conseguirlo es empoderar al profesorado. Pongo un ejemplo, no podemos hablar de digitalización de la educación y decirle al profesor utiliza tu ordenador personal. Hay que darles herramientas más allá de lo que decía el pedagogo Lorenzo Luzuriaga, en su momento, de que al final el profesorado tenía un halo moral que perdía a partir del momento en que defendía sus derechos laborales. Creo que los docentes deben defender sus derechos laborales, facilitándoles las herramientas para poder trabajar, y escucharlos.

El profesorado tiene una carrera y más allá del MIR, del que ya habló Rubalcaba en su momento, hay que redefinir. Muchas veces no terminamos de profundizar. Es necesario trabajar en el estatuto docente que quedó escrito en el 2008 y guardado en un cajón.

Estoy de acuerdo con Andreas Schleicher cuando dice que «ningún centro educativo, ninguna educación es mejor que su propio profesorado».

¿Tendremos paz educativa para llevar a cabo el diálogo y los consensos necesarios para poder avanzar?

Aunque me considero una persona positiva en mi vida, lo veo complicado. Ha habido dos grandes momentos en la educación en nuestro país. La Segunda República donde confluyen dos elementos; un proyecto educativo, representado por la Institución Libre de Enseñanza, por cierto, liberal progresista, pero liberal, y un gobierno que entendió la educación y la cultura como un factor fundamental para el desarrollo de la República. El segundo gran momento es la llegada de la Democracia con dos factores; los movimientos de renovación pedagógica y un gobierno, en este caso de Felipe González y con José María Maravall, que desarrolla la LODE, por cierto, única ley educativa que no se ha derogado y que sigue aún vigente con algunas modificaciones.

Si podemos desligar el debate político del debate pedagógico se podrá conseguir algo, pero si los políticos se dedican a hablar de pedagogía o los pedagogos a hablar de política no lo vamos a conseguir.

No me gustaría dejar pasar la oportunidad de hablar de la Agenda 2030. ¿Cómo lo valoras?

He tenido la suerte de participar en la confección de la Agenda 2030 cuando era diputado. Tuve la oportunidad, cuando fui director general de la Agenda de Cooperación en la Generalitat Valenciana, de poner en marcha y aprobar la primera estrategia de desarrollo sostenible que se hizo en España y la primera ley de cooperación y desarrollo sostenible. Eso fue en el año 2015. Cuando hablé con el presidente Ximo Puig para proponerle que trabajásemos en la Agenda 2030 tuve todo su apoyo. El mismo día que se aprobaba la Agenda 2030, 25 de septiembre de 2015, el Consell otorgaba a mi dirección general el trabajo para la alienación de las políticas públicas de la Agenda 2030. Al día siguiente no salió nada en prensa. Así que pensé que podría ser un fracaso. Seis años después, se ha convertido en una agenda global, de la ciudadanía, de las empresas, de las instituciones, de la educación. En Naciones Unidas se desarrolló una encuesta en la que participaron ocho millones de personas de todo el mundo, hombres y mujeres, de diferentes edades, condiciones sociales, económicas, y en cualquier parte del mundo coincidieron en que el principal objetivo de la Agenda 2030 era la educación.

«Un país como el nuestro necesita tener una Formación Profesional que esté a la vanguardia»

Para mi esta Agenda 2030 es la agenda de la transformación, no es un plan estratégico, no es una medida de acción, no es un compendio de buenas acciones, es fundamentalmente una manera de transformar el mundo. La educación y la cultura son claves. Un papel, el de la cultura, que se encuentra un poco olvidado en esta Agenda y que estamos intentando integrar de otra manera. Por lo tanto, esta Agenda 2030 es ese lenguaje universal que nos permite construir un nuevo contrato global social. Hemos tenido un contrato social pero ahora necesitamos este contrato social global que representa esta Agenda 2030. Entre la interacción de los diferentes objetivos nacen las nuevas políticas que tienen que llevarnos, sin lugar a duda, al empoderamiento de la ciudadanía para lograr esa transformación que haga que nadie quede atrás.

Hemos participado juntos en el trabajo del 2050 y que ha sido criticado por pensar a tan largo plazo. ¿Por qué crees que es importante marcar horizontes ambiciosos cuando uno plantea procesos de transformación?

En esta sociedad del cambio permanente no podemos estar pensando en lo que va a pasar mañana sin evaluar lo que ha pasado ayer. En los diálogos que mantuvimos veníamos a decir que tenemos que redefinir hacia dónde queremos ir. Se está haciendo con el currículum educativo con el perfil de salida… Durante muchos años, algunos países han trabajado en políticas de largo recorrido, por ejemplo, en México, o en España con los Pactos de la Moncloa que fueron una planificación a largo plazo, etc.

Hay que ser ambiciosos y marcar un objetivo al que dirigirnos, luego lo alcanzarás o no y, dado el momento de permanente cambio en el que estamos inmersos, deberemos adaptarnos. Creo que, en ese estudio que se fundamentó en datos, en estudios, en análisis, cuando se hace ese ejercicio de evaluar, de proyectar, fundamentado en los datos, está claro que hay un futuro que recorrer.

Esta entrevista se enmarca en el número sobre empleabilidad y educación y en esa ambición de futuro. ¿Qué papel juega la nueva Formación Profesional en ese cambio?

Un país como el nuestro necesita tener una Formación Profesional que esté a la vanguardia. Hemos tenido una FP que, por las circunstancias de este país, ha sido siempre como la hermana menor de aquellos que iban a la Universidad.

La Formación Profesional hay que dignificarla en lo que significa, sobre todo, en este mundo actual donde necesitamos cada vez más técnica no solamente conocimiento, donde tenemos que diversificar nuestra manera de actuar en un mercado laboral marcado por la volatilidad. Con una nueva Formación Profesional, diferente a la que había anteriormente, dirigida a trabajadores que se van a incorporar a un mercado laboral que está focalizado en las necesidades que hay en ese momento.

«Los docentes deben defender sus derechos laborales, facilitándoles las herramientas para poder trabajar, y escucharlos»

La Formación Profesional nos permite que nuestros trabajadores o nuestros alumnos tengan sus capacidades desarrolladas al máximo y con una cualificación que les permita tener y defender ese estatus adquirido en el mundo laboral.

Para terminar, te has incorporado recientemente a la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, cuéntanos ¿qué hace la fundación y cuál va a ser tu rol?

La Fundación es una gran institución. En realidad, son dos fundaciones, la Fundación Ortega y Gasset y la Fundación Gregorio Marañón tras una fusión en 2013. Con un componente muy interesante que aúna la parte del pensamiento y la parte de la ciencia. Además, tiene el Instituto Interuniversitario que es el primer instituto de estas características que se creó en España. También colaboramos con América Latina a través de Goberna y la Revista de Occidente, publicación que el próximo año cumplirá 100 años y que es la primera revista cultural en España.

Me incorporo a llevar la dirección de Innovación Cultural aportando una visión desde la pedagogía aplicada al mundo de la cultura e innovación y para avanzar en esa innovación cultural para que la Fundación sea también un creador de cultura. No somos solo consumidores de cultura sino que también queremos crearla a través de una innovación que tiene que ser social, fundamentada en el conocimiento, incorporando la Agenda 2030 de manera transversal para generar una comunidad cultural 2030 que permita la transformación de la que antes hablábamos.

Gracias por tus palabras

A vosotros por invitarme.

Accede al video de la entrevista.

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