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El fin del sedentarismo cognitivo y el por qué la neurociencia exige recuperar el movimiento para salvar las áreas STEM

  • 29-5-2026 | N. García
  • Informes de la OCDE y estudios recientes en Nature vinculan la psicomotricidad con una mejora del 20% en el rendimiento académico y una reducción crítica del cortisol. En un mundo volcado a las pantallas, la arquitectura escolar y la pedagogía sensorial emergen como la única barrera eficaz contra el deterioro de la salud mental y la pérdida de capacidad de abstracción en las aulas de 2026
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La educación contemporánea está despertando de un largo letargo de inmovilidad. Durante décadas, el sistema ha operado bajo la premisa de que el cuerpo es solo un transporte para la cabeza, pero la digitalización masiva y el sedentarismo cognitivo están forzando un cambio de rumbo radical en 2026. Investigaciones de vanguardia están rescatando el cuerpo no como un accesorio, sino como un territorio de aprendizaje fundamental que conecta la salud mental con el éxito en áreas técnicas y científicas.

El paradigma de la Cognición Encarnada (Embodied Cognition) se ha posicionado este año como la respuesta científica definitiva a este fenómeno. Según el metaanálisis integrativo publicado en la revista Frontiers in Education en marzo de 2026, titulado "Embodied Cognition in STEM Learning", las disciplinas STEM dependen críticamente de procesos que están "profundamente arraigados en las experiencias físicas y las interacciones sensorio-motoras". Los autores del estudio advierten que la histórica dicotomía mente-cuerpo en el aula ha limitado la accesibilidad al conocimiento, sugiriendo que "el aprendizaje ocurre con mayor eficacia cuando la actividad física está funcionalmente alineada con los objetivos pedagógicos". El informe acredita que los enfoques que involucran el cuerpo producen efectos positivos moderados pero consistentes en el rendimiento, especialmente cuando el movimiento ayuda a "descargar" la demanda cognitiva del cerebro hacia el entorno físico.

Esta alineación se vuelve tangible en la enseñanza de las matemáticas y la física. Investigaciones recientes han demostrado que el uso de gestos manuales y acciones físicas con objetos no solo acelera la comprensión inicial, sino que es el factor determinante para la retención a largo plazo. Un informe técnico de la red SENSES (Science Education Network for Supporting Embodied Sense-Making) destaca que "la instrucción basada en gestos promueve una retención superior frente a la enseñanza puramente verbal o abstracta", permitiendo que los estudiantes "sientan" conceptos como la fuerza, la trayectoria o la simetría antes de intentar codificarlos en fórmulas.

Así pues, en un sistema educativo que históricamente ha priorizado la quietud, voces como la de Francesc Nogales, maestro de Primaria y profesor de universidad, mejor docente España y Premios Educa Abanca 2021, reclaman una vuelta a los orígenes pedagógicos para sanar el presente. Para Nogales, la "reivindicación del cuerpo" en secundaria y bachillerato no es una moda, sino una herencia necesaria. Recuerda que ya en el siglo XIX, figuras como Pablo Montesino planteaban la necesidad de cuidar el cuerpo en el aula, una línea que siguieron referentes como Montessori o Rousseau.

"Es positivo que recuperemos ese naturalismo pedagógico", afirma el docente, subrayando que en una sociedad "cada vez más conectada y pasiva", el aprendizaje sobre la salud es vital. Sin embargo, advierte sobre los peligros del enfoque actual: "Debemos tener cuidado con los trastornos de alimentación y el culto al cuerpo, evitando generar problemas en los adolescentes que realmente no deben vivir".

La ciencia respalda que un alumno que se mueve es un alumno que aprende mejor. Nogales alude a expertos como Begoña Learreta o Javier Rico-Díaz para explicar que el movimiento mejora el riego sanguíneo y mantiene el cerebro activo. En este sentido, defiende las "pausas activas" entre asignaturas como una herramienta eficaz contra la crisis de salud mental juvenil.

"Si nuestro alumnado empieza a desarrollar trastornos por depresión o ansiedad, una manera eficaz de combatirlos es mediante la actividad física", asegura con firmeza, vinculando directamente la movilidad con la reducción del estrés y la falta de atención.

El aula física como antídoto a la bidimensionalidad digital

En el ámbito de la Educación Física y la salud, la "reivindicación del cuerpo" trasciende el ejercicio para convertirse en una cuestión de neurobiología y salud pública. Francisco José Cuenca Muñoz, catedrático de Enseñanza Secundaria por la especialidad de Educación Física, médico y docente universitario en el Grado de Fisioterapia (asignatura de Biología Humana) de la UCAM, observa un cambio radical en la disposición del alumnado tras la actividad física: "Están más receptivos, te escuchan en vez de solo oírte y se relacionan de manera diferente; están más tranquilos y sonríen más". Esta percepción empírica tiene un respaldo fisiológico que Luis Luengo Alcázar, profesor de Enseñanza Secundaria en la especialidad de Educación Física, docente profesionalizador en Ciclos Formativos de Enseñanzas Deportivas en Fútbol y Máster en Actividad Física Terapéutica e Investigación (UMU y UCAM), detalla con precisión. Según Luengo, el movimiento libera endorfinas y dopamina mientras reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés.

"En muchas situaciones, en el aula, la inquietud, la necesidad de atención o incluso ciertas conductas disruptivas, no son más que la forma que tiene el cuerpo de 'pedir movimiento' en una situación demasiado estática", afirma Luengo Alcázar.

"La tecnología puede facilitar el camino, pero es el vínculo humano entre maestro y estudiante lo que realmente transforma el conocimiento en aprendizaje significativo"

Sin embargo, el entorno físico actual actúa a menudo como un agente estresor. Cuenca Muñoz advierte que, cuando las condiciones meteorológicas obligan a desplazar la actividad a espacios alternativos no diseñados para ello, el alumnado se ubica peor y muestra mayores niveles de agitación y ansiedad. Por su parte, Luengo señala que el principal obstáculo no es siempre el espacio, sino la "pasividad del docente o la falta de formación". Para él, el reto del siglo XXI es adoptar modelos como el aprendizaje cooperativo o la educación deportiva, que involucran al alumno física y cognitivamente, rompiendo con los antiguos esquemas que coartan la creatividad motriz.

El impacto de la digitalización es otro de los puntos de alarma para ambos expertos. Desde su visión médica, Francisco José Cuenca Muñoz advierte que focalizar la visión durante muchas horas en pantallas puede ayudar a disminuir la visión periférica y generar una reducción de movilidad cervical que dificulta la recepción de estímulos sensoriales. Luengo coincide en este empobrecimiento: "La experiencia digital tiende a ser rápida, bidimensional y controlada, mientras que el aprendizaje corporal es lento, imprevisible y exige implicación sensorial y emocional". El profesor observa que el alumnado actual presenta menor conciencia corporal y una necesidad constante de estimulación inmediata.

Ambos especialistas coinciden en que la Educación Física debe actuar como un espacio clave de compensación sensorial. Como sentencia Luis Luengo Alcázar, el aprendizaje real necesita experiencias físicas: "Tocar, construir, moverse, fallar, repetir. Cuando estas experiencias se reducen, también se empobrece la capacidad de comprender el mundo de forma profunda".

El diseño del espacio

La transformación ha alcanzado también la arquitectura escolar, convirtiendo el diseño del espacio en una herramienta de salud pública. El informe OECD Skills Outlook 2025 y las actualizaciones de 2026 sobre salud mental subrayan que el exceso de tareas externalizadas a la inteligencia artificial corre el riesgo de crear una "pereza metacognitiva" si no se compensa con una pedagogía intencional que involucre la presencia física. La OCDE alerta de que "la salud mental deficiente afecta ya a uno de cada cinco jóvenes en los países miembros", y propone que los entornos de aprendizaje deben ser rediseñados bajo criterios de "neuroarquitectura". Esto implica sustituir el aula estática por estaciones de movimiento que permitan reducir los niveles de cortisol y mejorar la plasticidad cerebral a través de la estimulación sensorial.

Para Teresa Fernández, Head of Office de Rosan Bosch Studio en Madrid, la arquitectura escolar ha operado históricamente bajo una desconexión artificial. Explica que los entornos educativos tradicionales han segregado el aprendizaje y el movimiento, confinando la mente al control del aula y el cuerpo al exterior. Sin embargo, su enfoque busca revertir esta inercia: “El cuerpo y la mente no aprenden por separado; utilizamos nuestros sentidos como herramienta para adquirir experiencias y tomar consciencia del entorno”, afirma. Para la responsable del estudio en la capital, el diseño debe ser un catalizador que active la curiosidad y la capacidad de elección, invitando al alumno a una inmersión total que ella resume en una acción casi instintiva: “Sal afuera, siente la temperatura, la humedad, los sonidos, los olores…”.

Esta transformación no depende de elementos aislados, sino de la creación de una experiencia espacial rica y adaptable. Fernández huye de las soluciones genéricas, como la luz cenital homogénea que impera en los centros actuales, para defender una iluminación y una acústica que modulen el ritmo del espacio. La materialidad juega aquí un papel psicológico clave, ya que texturas y colores replican la variedad sensorial de la naturaleza, favoreciendo el bienestar y la memoria. En este ecosistema, destaca el valor de la ergonomía dinámica, defendiendo que el mobiliario debe permitir posturas diversas: “No todos aprendemos igual; unos necesitamos movernos o tumbarnos, mientras otros necesitan estar delante de una mesa”.

“Eliminar la naturaleza de los espacios de juego priva al niño de su capacidad de interactuar con el mundo a través de su cuerpo”

Ante el reto de intervenir centros antiguos con presupuestos ajustados, la Head of Office de Rosan Bosch Studio se muestra tajante: es posible. No siempre se requieren grandes demoliciones, sino un “cambio de mirada”. Pequeñas intervenciones, como activar los pasillos o el comedor como nodos de aprendizaje y dotar de flexibilidad al mobiliario, pueden tener un impacto sistémico. Con todo, advierte que para consolidar nuevos comportamientos es necesario cuestionar el modelo de aulas cerradas. El objetivo, subraya, no es simplemente rediseñar un lugar, sino crear un contexto físico que habilite dinámicas de relación distintas entre alumnos y docentes.

Esta necesidad de apertura se vuelve crítica al analizar la pérdida de contacto con la naturaleza en entornos urbanos. Fernández observa que los espacios artificiales, al ser predecibles, limitan la capacidad de adaptación y la toma de decisiones. Por el contrario, defiende la complejidad de lo natural, donde las superficies irregulares retan el equilibrio y el riesgo. Según explica, mancharse o descubrir las infinitas posibilidades de una piedra activa el impulso exploratorio de forma única. En última instancia, privar a los niños de esta interacción es, para la arquitecta, amputar una dimensión fundamental del ser humano: “Eliminar la naturaleza de los espacios de juego priva al niño de su capacidad de interactuar con el mundo a través de su cuerpo”.

¿Cuál es el verdadero reto?

A menudo se culpa a la arquitectura escolar de la pasividad del alumnado, pero para el profesor Nogales, el obstáculo no es el ladrillo. Sostiene que las dificultades físicas, como las clases angostas, pueden salvarse utilizando patios o salones de actos. El verdadero reto es humano. Según explica, las barreras más graves son los padres que no comprenden estos beneficios, la vergüenza de los propios alumnos o la resistencia de otros docentes. Pese a ello, se apoya en la libertad de cátedra para seguir apostando por metodologías activas siempre que sea posible.

Por su parte, la UNESCO, en su balance de acciones educativas de 2025 y proyecciones para 2026, ha hecho un llamamiento urgente a construir modelos que "liberen el potencial de cada estudiante a través de entornos que fomenten la curiosidad física y el crecimiento socioemocional". La organización destaca que el éxito no reside en abandonar lo digital, sino en humanizarlo mediante "Laboratorios de Creación Física" (Makerspaces). En estos espacios, como indica el plan estratégico de la Unión Europea para la educación STEM de 2025, el enfoque STEAM (que añade las Artes y el Diseño) permite que el error "se sienta con las manos", facilitando una comprensión transdisciplinar que los entornos puramente virtuales no pueden replicar.

Nogales también analiza el impacto de las pantallas. Aunque reconoce que la digitalización mejora la coordinación oculomanual y la motricidad fina, advierte que el coste es alto: se lastra la capacidad de relación, la escucha activa y la percepción física del entorno. Frente a la atrofia sensorial, su propuesta es una mirada al pasado para salvar el futuro. "Me parece necesario que recuperemos la apuesta por los elementos naturales, como planteaba Montessori, o incluso dar clase fuera de clase, como manifestaba Giner de los Ríos", concluye, invitando a una pedagogía que respire fuera de los límites del cristal líquido.

"Lo ideal es equilibrar las experiencias digitales con actividades físicas reales"

Asimismo, el vínculo entre motricidad y funciones ejecutivas se mantiene vital mucho más allá de la infancia. Estudios de conectividad efectiva publicados en Frontiers in Neuroscience en septiembre de 2025 confirman que el entrenamiento multisensorial es superior al unisensory (solo visual o solo auditivo) porque induce cambios neuroplásticos a través de conexiones de retroalimentación en áreas de asociación de orden superior del cerebro. "El aprendizaje basado en la estimulación multisensorial contextual es superior, ya que el cerebro sintetiza interpretaciones significativas integrando la entrada recogida por múltiples sentidos", afirman los investigadores.

En esta misma línea, Marta Vega Díaz, profesora del Máster Universitario en Neuropsicología y Educación de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), explica que cuando un alumno se mueve, no solo desplaza su cuerpo, sino que activa un complejo engranaje de estructuras clave como el cerebelo, el sistema motor y los ganglios basales.

El beneficio del movimiento no es solo estructural, sino químico. La profesora de la UNIR destaca que la actividad física incrementa la liberación de la proteína BDNF (Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro), una molécula que actúa como "fertilizante" para las neuronas y facilita la plasticidad sináptica. "Este tipo de aprendizaje activo genera trazas mnésicas más robustas que el aprendizaje sedentario", señala Vega Díaz, subrayando que el movimiento ayuda a consolidar la memoria en el hipocampo. En sus palabras, involucrar el cuerpo permite que el conocimiento sea más profundo y duradero.

Frente a estos beneficios, el aula tradicional actúa a menudo como un entorno de "confinamiento" que limita la variabilidad sensorial necesaria para generar nuevas conexiones. La experta advierte que la inmovilidad prolongada no solo empobrece la integración multisensorial, sino que tiene un impacto directo en el estado anímico.

Al reducirse la activación del sistema dopaminérgico, la motivación —factor clave para el aprendizaje voluntario— cae en picado. "La falta de movimiento aumenta el estrés, la fatiga cognitiva y el incremento de cortisol", explica la docente, describiendo tres factores que bloquean directamente la adquisición de nuevos conocimientos.

Donde la neuropsicología encuentra un aliado inesperado es en las áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Para Vega Díaz, el aprendizaje sensorial y kinestésico es la llave para "anclar" conceptos abstractos en experiencias corporales. En matemáticas, por ejemplo, el uso del cuerpo mejora la representación espacial y numérica, facilitando el cálculo y la visión en tres dimensiones. "Es más fácil aprender por medio de la manipulación que por simple memorización", afirma tajante. Según la experta de la UNIR, la manipulación de objetos activa circuitos visuoespaciales que favorecen la resolución de problemas y permiten automatizar aprendizajes mediante la repetición de acciones motoras.

Además, al abordar el debate sobre la digitalización, Marta Vega Díaz huye de posturas radicales, aunque lanza una advertencia sobre el equilibrio sensorial. El problema, sostiene, no es la tecnología en sí, sino que las interacciones digitales suelen ser predominantemente visuales, dejando fuera al sistema táctil, motor y vestibular. "Lo ideal es equilibrar las experiencias digitales con actividades físicas reales", concluye. Para la neuropsicóloga, el reto actual consiste en asegurar que el uso de pantallas no reduzca la estimulación propioceptiva, manteniendo siempre un puente abierto entre el entorno digital y la realidad física del alumno.

Y es que la transformación de las aulas no es solo una cuestión de dispositivos, sino de una reestructuración profunda del pensamiento pedagógico. Así lo entiende la Dra. María Ángeles Diego Mantecón, profesora del Departamento de Educación en la Universidad CEU San Pablo, quien defiende que la tecnología debe ser un medio y nunca un fin en sí mismo.

Según explica la docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación, el foco debe desplazarse desde la mera transmisión de contenidos hacia el desarrollo de competencias críticas en el alumnado. En este sentido, la doctora advierte que el papel del profesor es ahora más complejo que nunca: "Ya no somos la única fuente de información para el alumno, pero debemos ser su guía más fiable para procesar ese caos de datos".

Desde su centro de investigación en Madrid, Diego Mantecón subraya la importancia de la humanización en los procesos de aprendizaje. Para la experta, la clave del éxito académico actual reside en una atención personalizada que se apoye en la innovación, pero sin perder de vista el factor emocional. "La tecnología puede facilitar el camino, pero es el vínculo humano entre maestro y estudiante lo que realmente transforma el conocimiento en aprendizaje significativo", concluye la académica.

El impacto físico de la docencia

La "Guía de Bienestar Docente" publicada por el sindicato UGT Servicios Públicos (Enseñanza) aporta datos críticos sobre cómo el entorno físico y digital está afectando al profesorado en 2026. Según este documento, la enseñanza debe entenderse como una "profesión de alta demanda física y emocional". El informe acredita que el diseño inadecuado del entorno de aprendizaje no solo afecta al alumno, sino que genera riesgos específicos para el docente:

  • Trastornos musculoesqueléticos: El informe alerta de dolencias crónicas agravadas por el mobiliario inadecuado y la falta de pausas ergonómicas.
  • Bipedestación prolongada: El sindicato denuncia que permanecer de pie la mayor parte de la jornada genera problemas circulatorios y de columna, por lo que reivindica el uso de mobiliario adaptado como "apoyos isquiáticos" y alfombras ergonómicas.
  • Salud vocal: Al ser la voz la herramienta principal, UGT exige que las patologías vocales (nódulos y pólipos) sean reconocidas como enfermedad profesional de pleno derecho, vinculando su deterioro a ratios excesivas y aulas con acústica deficiente.

Frente a la digitalización forzada, la guía de UGT introduce el concepto de "Tecnoestrés", derivado de una hiperconectividad que invade los tiempos de descanso. Para combatir la "amnesia sensorial" del docente, el sindicato propone protocolos de "desconexión digital" que incluyen rituales de transición física al salir del centro para separar efectivamente el "trabajo" de la "vida".

Además, el informe destaca un factor sociológico clave: al ser un sector mayoritariamente femenino, la carga mental de la "doble presencia" (gestión laboral y doméstica simultánea) actúa como un riesgo psicosocial de primer orden. Según UGT, la prevención real en la escuela del siglo XXI debe atender estas realidades biológicas y sociales para ser efectiva.

Esta guía establece una relación directa entre el espacio físico y el bienestar bajo la máxima: "A menos alumnos, más salud y mejor educación". Desde UGT acreditan que la masificación es el principal factor de estrés y burnout, advirtiendo que un profesorado agotado no puede liderar el aprendizaje sensorial. Esta falta de condiciones óptimas es la que denuncia también Marisa Madrid Mateo, secretaria de Organización y Comunicación de FEUSO Madrid, al advertir que el sistema educativo no está preparado, ni por normativa ni por infraestructuras, para un modelo donde el movimiento sea la norma. Madrid sostiene que las ratios actuales, diseñadas para un modelo estático, saturan los espacios y elevan el riesgo de accidentes al intentar introducir dinamismo.

"La digitalización progresa mucho más rápido que la transformación de los entornos educativos"

Esta falta de base estructural se refleja también en una formación docente que la representante de FEUSO califica como "muy limitada". Aunque la psicomotricidad es un pilar en Educación Infantil, Madrid denuncia que en Primaria esta formación se reduce casi exclusivamente a la Educación Física, mientras que en Secundaria prácticamente desaparece del currículo. Critica que, aunque existan cursos de formación permanente, estos no son obligatorios ni sistemáticos, lo que evidencia la ausencia de una estrategia estatal que impulse la psicomotricidad como una verdadera competencia transversal. "No hay una actualización real ni suficiente para sostener un cambio de paradigma hacia el movimiento", asegura.

El análisis de Madrid trasciende lo pedagógico para entrar en el terreno de la salud laboral. El paso a un aula activa, advierte, dispara la carga física y mental del profesorado. El docente se ve obligado a realizar más desplazamientos, reorganizar constantemente el mobiliario y mantener un nivel de alerta mucho más intenso para prevenir incidentes en grupos grandes en movimiento. Esta exigencia contradictoria —la presión por implementar un "aula activa" en espacios que no lo permiten— deriva en riesgos psicosociales graves, como el estrés, el desgaste emocional y una persistente sensación de falta de control sobre el entorno.

Finalmente, la secretaria de FEUSO señala un desequilibrio en las prioridades económicas de la Administración. A su juicio, existe una apuesta decidida por la digitalización que ha dejado atrás la adecuación de los espacios físicos. Mientras se invierte masivamente en pantallas y tablets, la mejora de la ergonomía, los suelos seguros o las zonas de movimiento ha quedado relegada. "La digitalización progresa mucho más rápido que la transformación de los entornos educativos", concluye Marisa Madrid, alertando sobre la brecha creciente entre la tecnología disponible y las necesidades sensoriales y motrices reales de los niños y adolescentes.

La visión de las familias

Desde la visión de las familias, la percepción es de un anacronismo espacial. María Sánchez, presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado (CEAPA), sostiene que el sistema educativo actual no está diseñado para que el movimiento sea estructural. Para Sánchez, no se trata solo de un problema de ratios, sino de un modelo de aula que sobrevive bajo esquemas tradicionales: "Basta con entrar en la mayoría de las clases para verlo: mesas alineadas, alumnado sentado durante horas y una organización del espacio pensada más para el control que para la exploración".

La presidenta de CEAPA destaca que, aunque existe evidencia sobre los beneficios de los "descansos activos" o la activación corporal en la motivación y el bienestar, estas prácticas son todavía excepciones. A su juicio, el profesorado a menudo se ve atrapado en un sistema que prioriza metodologías rígidas y la transmisión de contenidos por encima de la experiencia sensorial. Esta desconexión, advierte, se agrava con la edad: lo que en Educación Infantil se acepta como natural —el aprendizaje a través del juego y el cuerpo— se desvanece drásticamente al llegar a Primaria y Secundaria.

Para las familias, este cambio de paradigma no responde a una necesidad pedagógica real, sino a inercias del sistema que ignoran el desarrollo integral del adolescente. Sánchez concluye que avanzar hacia un modelo de aprendizaje sensorial requiere replantear el concepto mismo de aula. "No se trata de añadir actividades puntuales, sino de replantear cómo, dónde y desde qué enfoque se aprende", sentencia, subrayando que este cambio implica revisar desde la formación docente hasta la propia organización física de los centros educativos.

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