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El inglés técnico, un año después: ¿oportunidad o nueva barrera en la Formación Profesional?

  • 9-9-2026 | N. García
  • La incorporación del inglés técnico en la nueva Formación Profesional reabre el debate sobre la equidad educativa: expertos y docentes advierten del riesgo de que esta exigencia se convierta en un filtro socioeconómico y en una fuente de desigualdad para los estudiantes más vulnerables.
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La implantación completa de la nueva Ley de Formación Profesional durante el curso 2025-2026 introdujo un cambio que pasó casi desapercibido en el debate público: la incorporación del módulo obligatorio de Inglés Profesional en la mayoría de los ciclos de grado medio y superior. Un año después, la medida sigue generando opiniones encontradas. Mientras el Ministerio de Educación defendía que reforzar el inglés mejoraría la empleabilidad de los futuros técnicos, parte del profesorado y algunos especialistas en educación advertían de que esta exigencia podía afectar de forma desigual a un alumnado con niveles de partida muy diferentes.

La cuestión sigue siendo la misma que cuando comenzó la reforma: ¿ha servido el inglés para mejorar la preparación de los estudiantes o se ha convertido en un obstáculo para quienes disponen de menos recursos? La Formación Profesional ha sido tradicionalmente una de las principales vías de acceso al empleo para jóvenes de perfiles muy diversos. Por ello, cualquier cambio que pueda condicionar el éxito académico merece ser analizado desde la perspectiva de la igualdad de oportunidades.

No resulta extraño que el inglés haya ganado peso en la FP. El Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional (CEDEFOP) lleva años señalando que las competencias lingüísticas forman parte de las habilidades más demandadas en un mercado laboral marcado por la internacionalización y la digitalización. En España, sectores como la informática, la automatización industrial, la logística o el comercio exterior incluyen cada vez con mayor frecuencia el dominio del inglés entre los requisitos para acceder a puestos técnicos cualificados.

Además, la incorporación del Inglés Profesional a la Formación Profesional se produce en un mercado laboral en el que los idiomas tienen un peso creciente. Según el Informe Infoempleo Adecco sobre Oferta y Demanda de Empleo en España, elaborado por Infoempleo y el Grupo Adecco, aproximadamente una de cada tres ofertas de empleo analizadas solicita el conocimiento de alguna lengua extranjera. Entre ellas, el inglés es el idioma más demandado por las empresas españolas, muy por delante de otras lenguas como el alemán o el francés. Los datos del informe ayudan a explicar la apuesta de la nueva FP por reforzar la formación lingüística de los futuros trabajadores, especialmente en sectores con una mayor exposición internacional. Sin embargo, estas cifras reflejan las necesidades del mercado laboral, pero no permiten por sí solas determinar si la incorporación obligatoria del Inglés Profesional mejora la empleabilidad de los titulados de FP ni si afecta de manera diferente a estudiantes según su origen socioeconómico.

Sin embargo, la evidencia científica también muestra que el aprendizaje de idiomas no depende únicamente del esfuerzo individual. Los informes PISA de la OCDE vienen reflejando desde hace años que el nivel socioeconómico continúa siendo uno de los factores que más condicionan el rendimiento educativo. Los estudiantes procedentes de familias con mayor capacidad económica suelen tener acceso a academias, intercambios internacionales o clases particulares, mientras que otros dependen casi exclusivamente de la enseñanza recibida en el centro educativo.

"La cuestión es si todos los estudiantes han contado con las mismas oportunidades para adquirirlo"

Esta realidad ya había sido descrita por sociólogos como Pierre Bourdieu, quien entendía el dominio de los idiomas como una forma de capital cultural que puede traducirse en ventajas educativas y profesionales. Desde esta perspectiva, la incorporación del inglés como asignatura obligatoria plantea un desafío para el sistema educativo: garantizar que una competencia pensada para mejorar la empleabilidad no termine reforzando desigualdades previas.

A comienzos del curso 2026-2027 todavía no existen investigaciones que permitan afirmar que el nuevo módulo de Inglés Profesional haya incrementado el abandono escolar o provocado una segregación del alumnado en la Formación Profesional. Sin embargo, sí existe un amplio consenso en la literatura científica sobre la influencia que tiene el origen socioeconómico en el aprendizaje de idiomas. Precisamente por ello, docentes y expertos consideran que los próximos estudios deberán evaluar si las medidas de apoyo implantadas durante el primer año han sido suficientes para evitar que el inglés se convierta en una barrera para una parte del alumnado.

El debate, por tanto, no gira en torno a la utilidad del inglés, una competencia cuya importancia apenas discuten empresas y especialistas. La cuestión es si todos los estudiantes han contado con las mismas oportunidades para adquirirlo. La respuesta marcará en buena medida si la nueva Formación Profesional ha conseguido reforzar su papel como herramienta de movilidad social o si, por el contrario, ha incorporado un nuevo factor de desigualdad.

De hecho, en los grados de mayor empleabilidad tecnológica —desde el desarrollo de aplicaciones web y la ciberseguridad hasta la automatización industrial— la barrera idiomática opera con la precisión de un reloj suizo. La tecnología de vanguardia no solo se programa; se lee, se investiga y se documenta en inglés. Los manuales de hardware, los códigos fuente, los foros de resolución de errores como GitHub y las certificaciones oficiales más cotizadas exigen una fluidez que el sistema público rara vez logra nivelar por completo en dos cursos académicos.

Aquí es donde entra en juego lo que los sociólogos denominan el "efecto acumulativo" de la ventaja. El estudiante que llega de un entorno con recursos no solo ha mamado el inglés en academias privadas o campamentos de verano; consume tecnología, tutoriales y cultura digital en versión original desde la infancia. Para él, el idioma es transparente, un vehículo que le permite centrarse puramente en la lógica técnica.

En la otra cara de la moneda está el alumno de entorno vulnerable. Aquel que depende exclusivamente de lo que sucede entre las cuatro paredes del aula pública. Para este estudiante, enfrentarse simultáneamente a la complejidad de un lenguaje de programación y a la traducción de un manual técnico abstracto supone una sobrecarga invisible. Una losa que lastra su rendimiento y, lo que es peor, mina sus opciones de acceder a los puestos más codiciados.

Francesc Vicent Nogales Sancho, maestro, escritor, conferenciante y formador, señala que "introducir las competencias lingüísticas en la FP es algo lógico y positivo pedagógicamente" porque el alumnado se enfrenta a un sector laboral cada vez más plurilingüista e internacional, donde el dominio de la lengua inglesa es básico.

Para las familias no es sencillo. Destaca que nos encontramos en un momento social en el que los hijos tienen un nivel de inglés superior al de los padres, algo que califica de positivo porque hace que mejoremos como colectivo. Sin embargo, advierte que el problema real es que a todas las familias socioeconómicamente más debilitadas les supone un gasto en academias o recursos para ayudar a sus hijos.

Apunta que "el sector laboral cada vez impone más el dominio del inglés, y si el motor económico del país es el sector servicios aún se hace más necesario". Por este motivo, explica que cada vez se imparten más horas de inglés en los centros educativos y las familias eligen ese idioma como actividad extraescolar preferente, subrayando que la oferta no para de crecer por la alta demanda y la necesidad latente.

Respecto al contexto internacional, afirma que nosotros somos novatos en la FP dual y ahora internacionalizada, mientras que Alemania lleva años promoviendo ese modelo. Explica que en otros países existen canales de televisión gratuitos que emiten programas en inglés, tanto contenido infantil como películas en versión original, y sentencia que estamos a años luz de llegar a eso. Concluye que se trata de concienciar a la sociedad sobre la importancia del idioma, pero lamenta que en España seguimos discutiendo sobre el porcentaje de horas en lenguas autóctonas como el catalán, gallego o euskera, y dejando el inglés como "esa otra lengua que debemos impartir".

Por su parte, Toni García Arias —profesor de Sociología de la Educación en la UDIMA, director de másteres en la VIU y reconocido internacionalmente como Mejor Docente de Primaria de España (2018), Global Teacher Award (2021) y Top 50 del Global Teacher Prize (2023)— reflexiona sobre los desafíos actuales de la Formación Profesional y señala que esta vía educativa "ha dejado de ser aquella vía considerada durante décadas como la opción para quienes no valían para estudiar" para convertirse hoy en un pilar estratégico con una enorme capacidad para mejorar la empleabilidad y fomentar la movilidad social. Por esta razón, el experto advierte con firmeza que "debemos tener mucho cuidado con introducir nuevos mecanismos de selección dentro de ella".

"El inglés tiene que ser una competencia que la FP enseñe, no una barrera que determine quién puede tener éxito en ella"

En relación con la incorporación del inglés profesional en los ciclos formativos, considera que en el contexto globalizado actual resulta "absolutamente necesaria", aunque puntualiza de inmediato que el verdadero problema surge cuando "confundimos aprender inglés con utilizar el inglés como filtro". Desde su perspectiva, no es lo mismo formar a un alumno para que pueda desenvolverse técnicamente en otro idioma que exigirle un determinado nivel lingüístico como condición implícita para progresar, insistiendo en que el enfoque debe residir en el inglés específico de cada ocupación y no en un estudio gramatical abstracto. A este respecto, sentencia: "La FP debería ser una herramienta de movilidad social, no un mecanismo para reproducir las desigualdades de origen. El inglés tiene que ser una competencia que la FP enseñe, no una barrera que determine quién puede tener éxito en ella".

Profundizando en las cuestiones de equidad, el especialista subraya que "el alumnado no parte del mismo lugar". Explica que mientras un estudiante con recursos familiares ha podido acceder desde niño a academias, estancias en el extranjero o plataformas digitales, otro con idéntica capacidad técnica puede encontrarse con muchas menos oportunidades, lo que provoca que el sistema termine premiando lo que en sociología se denomina el capital cultural adquirido previamente fuera del aula. Asimismo, advierte sobre el peligro de equiparar un bajo rendimiento en inglés con un bajo rendimiento académico general, señalando que un estudiante puede ser "un excelente profesional de la electricidad, de la informática, de la automoción o de la sanidad y, al mismo tiempo, tener dificultades importantes para comunicarse en inglés". Ante esta realidad, recuerda que "la igualdad educativa no consiste en dar exactamente lo mismo a todos, sino en conseguir que el punto de partida no determine el punto de llegada".

"La Formación Profesional debe sintonizar estrictamente con las necesidades reales del tejido productivo y no con una versión idealizada del mismo"

En cuanto a la inserción en el mercado laboral, el análisis apunta que el peso del idioma no es homogéneo en todos los sectores. Mientras que en ámbitos industriales, aeronáuticos o tecnológicos avanzados es un requisito imprescindible, en las pequeñas empresas y mercados locales su incidencia es sensiblemente menor. Por ello, García Arias cuestiona la tendencia de ciertas ofertas de empleo a utilizar los idiomas como una "competencia comodín que se exige aunque después apenas se utilice", e insiste en que la Formación Profesional debe sintonizar estrictamente con las necesidades reales del tejido productivo y no con una versión idealizada del mismo.

Y al abordar las estrategias de otros países frente al abandono escolar, defiende que "el verdadero reto es conseguir ambas cosas al mismo tiempo: internacionalización e inclusión". Valora positivamente que la tasa de abandono educativo temprano en España haya descendido hasta el 12,8 %, marcando un mínimo histórico, pero recalca que para aquellos alumnos que experimentan mayores dificultades con los idiomas, el sistema debe aportar apoyos específicos y metodologías adaptadas. El experto concluye señalando que en países nórdicos como Finlandia o Dinamarca, "el inglés está mucho más integrado en la vida cotidiana" —gracias a la televisión, los videojuegos, internet o la música—, lo que reduce drásticamente la dependencia exclusiva de la enseñanza formal y sitúa el debate sobre la equidad en el centro de las políticas educativas europeas.

Más allá de nuestras fronteras: ¿Cómo afrontan otros países no anglófonos el inglés técnico en la Formación Profesional?

El dilema sobre si la exigencia del inglés técnico en la Formación Profesional (FP) actúa como una palanca de modernización o como un muro invisible de exclusión no es exclusivo de España. Al analizar otros países europeos y del mundo donde la lengua materna o cooficial tampoco es el inglés, los expertos advierten de que las tensiones socioeconómicas se repiten bajo patrones muy similares.

Francia e Italia frente a la barrera lingüística: Los países del sur de Europa con lenguas romances —como Francia e Italia— comparten con España un gran obstáculo estructural: una cultura audiovisual tradicionalmente volcada en el doblaje que reduce el contacto informal con el inglés durante la infancia, sumado a sistemas educativos donde los idiomas cojean históricamente en la FP frente a la vía académica general.

  • • El caso francés: Según los análisis del CEREQ (Centre d'Études et de Recherches sur les Qualifications o Centro de Estudios e Investigación sobre las Cualificaciones), la reforma de la Voie Professionnelle ha intentado impulsar la movilidad internacional mediante programas como Erasmus+ adaptados a la FP. Sin embargo, los datos del organismo galo muestran que los estudiantes de los ciclos más bajos y vulnerables continúan experimentando el idioma como una severa limitación laboral en comparación con el alumnado de institutos tecnológicos superiores (Bac Technologique).
  • • El caso italiano: En los Istituti Tecnici e Professionali de Italia, la implantación de módulos de inglés técnico choca frontalmente con la brecha territorial del país. Mientras el tejido industrial puntero del norte absorbe con facilidad a los titulados bilingües, las regiones del sur —afectadas por un mayor desempleo juvenil— sufren cómo el requisito lingüístico añade una traba adicional de exclusión local.

La trampa del bilingüismo en el modelo nórdico (Suecia y Dinamarca): Podría pensarse que en los países escandinavos, donde el nivel general de inglés es de los más altos del mundo, este problema está superado. Sin embargo, estudios sociológicos procedentes de sistemas como el de Suecia matizan esta idea. Aunque la FP técnica integra el inglés avanzado de forma transversal, los investigadores advierten de que la brecha de clase también opera a través del idioma. Los alumnos de entornos socioeconómicos altos dominan con soltura la jerga técnica (programación, automatización o finanzas) gracias a viajes, campamentos o un fuerte capital cultural familiar. Por el contrario, los estudiantes de entornos desfavorecidos o con antecedentes migratorios sufren un doble esfuerzo: asimilar la competencia técnica y lidiar con un inglés abstracto ajeno a su día a día.

El factor comercial en Europa central (Alemania y su entorno): En países con sistemas de formación dual tan consolidados como Alemania o Austria, la demanda de lenguas extranjeras está muy ligada a la geografía comercial. Informes de institutos de investigación educativa alemanes señalan que, si bien el Technical English es clave en sectores globales como la automoción, la industria regional también valora fuertemente los idiomas de los países vecinos debido a las cadenas de suministro europeas. A diferencia de los países del sur, la base lingüística escolar previa en Alemania suele ser más homogénea, pero el debate sobre cómo blindar los apoyos pedagógicos para que los alumnos con menos recursos no queden relegados en la FP dual sigue abierto entre los sindicatos docentes y los centros de formación.

El modelo asiático y las academias privadas (Japón y Corea del Sur): Mirando fuera de Europa, potencias tecnológicas de lenguas no indoeuropeas como Japón o Corea del Sur experimentan una presión extrema: la necesidad imperativa de dominar el inglés técnico para leer manuales internacionales de software y estándares de ingeniería choca con metodologías tradicionales de enseñanza. Según análisis sobre educación tecnológica en el este asiático, esta exigencia ha desplazado la desigualdad hacia el sector privado. Tal y como denuncian los expertos locales, los estudiantes cuyas familias no pueden permitirse costosas academias privadas de inglés técnico (hagwons en Corea) quedan relegados en los procesos de selección de la industria tecnológica de alta gama.

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