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La LOMCE expulsa a los jóvenes en riesgo de exclusión social

Equipo educativo de las UFIL

Cuadernos de Pedagogía, Mayo 2014, Editorial Wolters Kluwer España, ISBN-ISSN: 0210-0630

El próximo curso desaparecen los módulos obligatorios de los Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI) y se implantará la Formación Profesional Básica (FPB) sin contar con las necesidades de un gran número de jóvenes, en grave riesgo de exclusión social, tan desfavorecido a lo largo de su trayectoria educativa, y minimizado en sus posibilidades de integración en el mercado laboral.

La LOMCE en su preámbulo señala: “La Presente Ley Orgánica orienta la escuela al servicio de una sociedad que no puede asumir como normal o estructural que una parte importante de sus alumnos y alumnas, aquellos que abandonan las aulas antes de disponer de los conocimientos, competencias y habilidades básicas, o aquellos cuyo nivel formativo esté muy por debajo de los estándares de calidad internacionales, partan en el inicio de su vida laboral en unas condiciones de desventaja tales que estén abocados al desempleo o a un puesto de trabajo de limitado valor añadido”.

Pues bien, no solo no se intentará llevar a cabo lo que el preámbulo de la ley indica, sino que sus diferentes disposiciones y sus múltiples interpretaciones dejan abierta una implantación de la Ley que abocará todavía más al fracaso a este colectivo, en una sociedad en la que impera, cada vez más, la competitividad y el individualismo.

Lo que no entendemos los que trabajamos día a día con el alumnado al que va dirigida esta reforma es por qué cambiar un programa que funciona.

Desde hace 25 años se desarrollan, en Madrid, dentro de las Unidades de Formación e Inserción Laboral (UFIL), programas destinados a jóvenes de entre 16 y 20 años que no obtuvieron el título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria (ESO), que poseen un bajo nivel de competencia curricular, que presentan situaciones sociales muy desfavorecidas por razón de origen, jóvenes con medidas judiciales, adolescentes que acaban de llegar de sus países, con otra lengua y cultura, y situaciones psicosociales extremas que necesitan una formación más individualizada y acorde a sus características.

Lo que pretende la LOMCE con la FPB es situar a estos jóvenes en una vía muerta del sistema educativo, ya que no está clara la posibilidad de que puedan continuar sus estudios y obtener la titulación de FPB o ESO, o acceder a ciclos de grado medio, salvo a la Educación de Adultos, que dispone de una oferta muy restrictiva y cuyos perfiles profesionales no se corresponden con las especialidades que se imparten en las UFIL.

El acceso a los programas de la UFIL será más restrictivo, para jóvenes de 16 a 18 años, sin titulación de la ESO ni de otra FPB, y la matrícula permanecerá abierta solamente durante el primer trimestre del curso, con la excepción del alumnado con medidas judiciales que podrá matricularse a lo largo de todo el curso. Esto elimina la concepción social de las UFIL al suprimir la matrícula abierta durante todo el curso para atender las necesidades sociales que surgen a lo largo del curso escolar.

Estos programas, hasta ahora, estaban financiados por el Fondo Social Europeo, lo que permitía cubrir los gastos de los Proyectos de Producción, planteados, desde una perspectiva educativa, como un ensayo laboral orientado a la adquisición de hábitos de trabajo como la puntualidad, la asistencia y la productividad. Los alumnos que participaban en estos programas recibían un incentivo con simulaciones de contrato, así como el abono del coste de los desplazamientos, a partir de informes de los Servicios Sociales de cada zona, del equipo educativo y con la aprobación del equipo directivo. La LOMCE determina la retirada de este apoyo económico a un alumnado que está en la mayoría de los casos en situación de extrema precariedad.

El Parlamento Europeo ha visitado en varias ocasiones las instalaciones de las UFIL para conocer la labor educativa que llevan a cabo, lo que indica que este alumnado es objetivo prioritario del Fondo Social Europeo, ya que son jóvenes desempleados que pueden y deben tener un futuro mejor, por lo que no se entiende que se retire dicho apoyo.

Niegan la formación que requiere este alumnado, dada su situación social y académica, al reducir su duración a un año, cuando hasta ahora se realizaba en dos. Con ello se les está privando del tiempo necesario para una educación de calidad, centrada en la recuperación de la autoestima, la consecución de los hábitos, las actitudes y las habilidades sociales necesarias para su vida adulta, así como una buena formación profesional (de hecho así podrían completar las dos cualificaciones de nivel 1 que obtienen los alumnos de FPB) y un currículo adaptado, y con apoyos reducidos, que les permita recuperar el desfase curricular acumulado.

Los módulos que se cursarán con la FPB serán:

  • Módulos comunes de Comunicación y Sociedad I y Ciencias aplicadas I, con adaptaciones, impartidos por maestros de Primaria o profesores de Secundaria.
  • Módulos específicos asociados a una cualificación profesional de nivel 1, impartidos por profesores técnicos de FP o expertos (Técnicos especialistas I).
  • Una Unidad Formativa de Prevención de Riesgos Laborales (PRL) de 60 horas.
  • Una Unidad Formativa de Inglés de dos horas semanales.

El hecho de que permitan que los módulos comunes los pueda impartir profesorado de Secundaria, y no maestros de Primaria como hasta ahora, denota el peligro de secundarización de unos programas que tienen una visión muy alejada del perfil real de un alumnado que presenta un gran desfase curricular y necesita recuperar las áreas instrumentales básicas.

Además, sorprende la inclusión de la asignatura de Inglés, cuando en muchos casos el alumnado desconoce el castellano, ya que proviene de otros países, por lo que requieren una adaptación y un proceso de inmersión lingüística.

La figura del maestro ofrece un sentido de la globalidad, del que quizás no dispone un especialista que está específicamente preparado para trabajar en un determinado ámbito. El maestro o maestra, por su sentido de la globalidad, se acerca más a las necesidades de este tipo de alumnado.

El reparto de Módulos comunes entre profesorado de Secundaria, dejando la opción incluso de cubrir alguno de ellos por profesorado interino, nos preocupa ya que no se consigue un objetivo que consideramos prioritario en este tipo de programas: la estabilidad de los equipos educativos.

Una de las características primordiales de los programas de las UFIL es la sensibilidad de un equipo educativo implicado, que lleva mucho tiempo trabajando con este perfil de alumnado, y con un proyecto vivo y flexible que se ha ido adaptando a las necesidades de estos jóvenes.

Hasta ahora se pretendían consolidar los criterios pedagógicos que sitúan al alumnado en el centro de atención del proceso de enseñanza-aprendizaje, para evitar la parcelación disciplinar del currículo e ir en la línea de un currículo integrado, global, entroncado con la situación personal y real de cada uno, ya que se trata de recuperar al alumnado desde una perspectiva holística y proporcionarle unos recursos básicos para que se pueda integrar en la sociedad y en el mercado laboral o retomar sus estudios, como ciudadanos y ciudadanas adultos y críticos.

Si estos jóvenes han abandonado o les han echado del instituto, reproducir las mismas estructuras por asignaturas, solo los llevará, una vez más al fracaso. Aunque este fracaso sea, sin duda, el del instituto, el de una educación que no consigue llegar a las necesidades de una población desmotivada, el de una mala organización educativa que no alcanza a descubrir, escuchar y potenciar las habilidades de cada persona, es decir, el verdadero objetivo de la educación.

El sistema de trabajo que funciona, y así lo avalan los años de experiencia, es la co-tutoría, -compuesta por un profesor técnico especialista en FP y un maestro de Primaria- que permite que el alumnado tenga unos referentes claros, y los menos posibles, al tiempo que también facilita la atención a cada joven en función de sus necesidades individuales y de sus posibilidades.

La tutoría es el eje que sustenta actualmente todo el trabajo educativo; son muchas las horas que se dedican a ella para que cada joven recupere la autoestima y sea capaz de participar activamente en la configuración de su itinerario formativo, asesorado y en colaboración continua con la figura del Profesorado Técnico de Servicios a la Comunidad (PTSC)

El diseño de la Formación en Centros de Trabajo (FCT), que plantea la FPB y en consecuencia la LOMCE, no atiende a las necesidades que requieren los alumnos, los aleja de la posibilidad de inserción socio-laboral y les niega toda posibilidad de iniciar el camino de su emancipación. Al limitarse la formación a un solo año, la salida a prácticas se acumula en los mismos periodos de tiempo para los que cursan cada especialidad, en todos los centros de FPB, por lo que las posibilidades de contratación se reducen ampliamente.

El modelo de intervención en inserción laboral desarrollado hasta ahora por las UFIL se asienta en varios principios básicos, con el objetivo de conseguir una experiencia positiva y de éxito en su primer acercamiento al mercado laboral. Por ello este recurso educativo implica, además de la formación que reciben, una rentabilidad económica y social, ya que desde el marco de la prevención consigue convertir al alumnado en ciudadanos y ciudadanas con todos los derechos y deberes que conlleva serlo.

La individualidad de cada alumno y alumna ha de ser contemplada como un elemento de apoyo a su proceso e implica ajustar el perfil del alumno al de la empresa y viceversa. Y esto solo se consigue tras un riguroso seguimiento por parte de la coordinación de PTSC, y de la co-tutoría. Esto es viable observando el proceso evolutivo y de desarrollo de cada persona, y para ello la flexibilidad en la consecución de los objetivos educativos es fundamental: hay alumnos que con 1100 horas consiguen un proceso de madurez importante y las FCT cierran ese proceso, mientras que otros alumnos necesitan el máximo de horas porque en su punto de partida hay unas carencias tan importantes que a veces llevan a tener que reconstruir toda una vida…

Tal como recoge el documento de la 47.ª reunión de la Conferencia Internacional de Educación de la UNESCO (Ginebra, 8-1 septiembre, 2004) en su menaje final: “Promover una educación y una formación de calidad para todos los jóvenes de 12 a 18-20 años es indispensable para lograr un futuro mejor y constituye un antídoto contra la exclusión social en el plano local, nacional y mundial”.

El antídoto mencionado está en las UFIL como hasta ahora así lo avalan los resultados, las estadísticas, y las personas que han pasado por cada uno e sus centros. ¿Por qué cambiar con la FPB todo este engranaje pedagógico? ¿Por qué poner obstáculos, más de los que ya les pone la vida, a los jóvenes más invisibilizados de esta sociedad? ¿Por qué cerrarles de nuevo las puertas? ¿Por qué cambiar algo que funciona? Todo el análisis que se desarrolla está basado en las instrucciones verbales sin facilitarnos el borrador que poseían desde la Consejería de Educación.

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