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Filósofos de corta edad

Amelia Almau

Fotografía y vídeo de Carlos Muñoz

Cuadernos de Pedagogía, Nº 449, Sección Reportaje, Octubre 2014, Editorial Wolters Kluwer, ISBN-ISSN: 0210-0630

Tienen entre 3 y 5 años y son capaces de dar respuestas razonadas, debatir puntos de vista y reflexionar sobre si lo que escuchan les parece bien o mal. Son alumnos y alumnas del CEIP Julio Verne, de Zaragoza, que desarrollan estas habilidades en la clase de Filosofía incluida en su horario escolar. Se trata de un programa que se integra en el proyecto de este centro, de nueva creación, que quiere que sus alumnos sean felices, críticos y democráticos.

Amelia Almau, maestra y periodista.

Fotografía y vídeo de Carlos Muñoz

Filósofos de corta edad

Viernes, nueve de la mañana. Una de las clases de tercero de Educación Infantil se dispone a empezar la jornada. Bajo la pizarra, sentada en el banco, se encuentra Marina Machado, profesora de Filosofía y directora del centro. A su lado, está Romaisa, una de las alumnas del grupo, y alrededor de ambas se distribuyen, sentados en el suelo, otros dieciocho niños y niñas. Tras los saludos de rigor -en francés, porque se trata de un centro bilingüe- dan comienzo las rutinas. Romaisa pasa lista, recuerdan qué día es hoy, miran al patio para decir qué tiempo hace y confirman, al observar el horario, que la clase que toca es de Filosofía.

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Marina Machado comienza hablando en francés, hace un recordatorio de dónde se quedaron en la última sesión, y luego se pasa al castellano "porque -dice- aún les resulta más fácil pensar y expresarse en su lengua materna". Marina habla lentamente, con una voz dulce que invita a la participación. Lanza una pregunta sobre el cuento que están leyendo desde principio de curso, El hospital de muñecas, que en realidad es el manual de Matthew Lipman para introducir la filosofía en los primeros niveles de escolarización. "¿Recordáis con qué términos calificó uno de los personajes a la muñeca?". Varios niños levantan la mano, e Irene, ante un gesto de la profesora, responde "la llamó horrible muñeca". "Y, ¿cómo pensáis que se sintió?", vuelve a preguntar Marina. "Se sintió molesta", responde Lorena. "¿Por qué?", repregunta la profesora. "Porque no le gusta que insulten a su muñeca", "Porque ha dicho que era horrible y no debería haberlo hecho"... Se suceden respuestas similares por parte de los pequeños.

Sin embargo, Iker se muestra inquieto. "¿Qué pasa?", le dice Marina. "Es que tengo una duda", responde. "¿Quieres compartirla con nosotros?", le propone la profesora. "Sí. ¿Qué es un filósofo?".

La cara de Marina denota cierta sorpresa. Ainara le aclara: "Es que el otro día, en clase, con Begoña, salió esta palabra y nos dijo que te lo preguntásemos a ti, que nos darías tu opinión". "Bueno, si esto os interesa más que seguir con nuestra lectura, me parece bien. Vamos a hablar de ello", les informa Marina y, como siempre, lanza una pregunta: "¿Qué es la Filosofía?".

Se suceden las respuestas: "La filosofía es hablar, es pensar", "Es interesarse por la ciencia", "Es saber que hay normas"... Lorena va un poco más allá y lleva la cuestión a terreno conocido. Muy pizpereta, se dirige a Marina: "Tú nos hablas o lees tu cuento, y nos haces pensar, ver los problemas, te preguntamos y vemos qué se puede hacer, como con lo de la muñeca. También te contamos las normas...". Marina la interrumpe: "Pero esto de las normas, ya lo había dicho alguien. ¿Hemos de repetir lo que ya han dicho los demás?". "Bueno, solo si aportamos alguna idea nueva", reflexiona Lorena. "Es que tenemos que decir 'yo creo', 'yo pienso'...", apunta Saúl. "Y hacernos preguntas", señala Paula. "¿Y vale decir, yo pienso que sí, y ya está?", incide la profesora. "¡¡¡No!!!", se escucha de manera unánime. "No, tenemos que dar ejemplos, utilizar palabras distintas..." propone Eduardo.

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Hablar dando razones

Iker vuelve a tomar la palabra: "Tú, un día nos preguntaste, ¿cómo es tratarnos como personas?". "Y yo, ¿os digo alguna vez, esto está bien o eso está mal?", vuelve a preguntar Marina. "No -responde el niño-, nos dices que hay que pensar las cosas".

Los niños continúan levantando las manos y la profesora hace un resumen: "Así que la filosofía está relacionada con el pensamiento y con hablar dando razones". Todos asienten. "Entonces -sigue Marina- el señor y la señora que hablan y piensan aportando criterios... ¿serán filósofos?". "Sííííí, -afirma el grupo-". "Veis, lo habéis descubierto vosotros, no hemos tenido que preguntar a nadie ni buscar en un diccionario. Solo hemos tenido que pensar y razonar", concluye la profesora.

En menos de diez minutos, y sin proponérselo, este grupo de niños ha dado las claves de cómo y para qué se introduce la Filosofía en clase, desde pequeños. De ello ha sido testigo una madre, María, que hoy ha sido invitada a participar en la clase y que se muestra gratamente sorprendida. "Es la primera vez -apunta- y tenía muchas ganas, porque el de la Filosofía me parece un proyecto muy interesante. Nos lo explicaron en la reunión de comienzo de curso y me resultó muy llamativo por ser niños tan pequeños. Hasta ahora no me hacía a la idea, aunque mi hija me cuenta que leen una historia y hablan de ella, que Marina les enseña la forma correcta de preguntar, levantando la mano y pidiendo las cosas por favor, que tienen que decir yo pienso, yo opino... porque quieren que sean capaces de pensar por sí mismos. A Sofía, mi hija, le gusta mucho. Y en casa hemos notado que aplica estas normas, que siempre intenta escuchar a los demás, que sabe dar opiniones, sin gritar, preguntando '¿puedo dar mi opinión?’."

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Un proyecto integrado

El proyecto de Filosofía para niños es uno de los que se están desarrollando en este centro de nueva creación. Seguramente, el hecho de serlo ha facilitado su puesta en marcha. Así piensa Marina Machado que llegó al colegio hace dos cursos en comisión de servicios por cuatro años, cuando aún no había abierto sus aulas. Con una dilatada experiencia docente con niños, y como formadora de profesores, Machado vio en la apertura de un nuevo colegio (en una zona también de nueva creación) la posibilidad de llevar a cabo un proyecto de centro diferente. "Es una propuesta para el colegio entero, no prácticas aisladas, ni experiencias independientes, sino un proyecto de centro abierto, participativo, en el que se produzcan aprendizajes activos y significativos". Nuevo y participativo El CEIP Julio Verne todavía se está construyendo, tanto físicamente (este curso 2014-15 se estrena la zona de Primaria); como en cuanto al proyecto que, dice Marina, "al principio era el mío, pero ahora es también el de otras compañeras y el de las familias". Es un centro moderno en su concepción y distribución de espacios. Todas las aulas tienen salida al patio o a los anchos pasillos interiores profusamente decorados. Cuenta con una más que bien dotada biblioteca (con cerca de 1.000 títulos catalogados) y acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación. En su proyecto, los padres y madres no solo tienen cabida, sino que desempeñan un papel muy activo. Existe la figura del delegado de clase, se estimula la presencia paterna y materna en clase como colaboradores de talleres trimestrales o para que compartan actividades. Su proyecto educativo se asienta sobre muchas patas. Un colegio sin libros, donde se trabaja por proyectos que se generan del interés de cada grupo; donde prima la atención a los niños y es imprescindible una pedagogía lenta que respete los distintos ritmos de aprendizaje y que no incluye comparaciones con los demás, y sí la autoevaluación y la autorreflexión. Un centro que persigue aulas felices y fomenta la felicidad entre sus alumnos; donde se aprende a aprender con objetivos asequibles que se revisan y reajustan, cuando es necesario, y donde se concede gran importancia al lenguaje. Un colegio que vive en el siglo XXI, es decir, que incorpora y utiliza la tecnología y sus herramientas. Su reto, para el presente curso 2014-15 y consecutivos, ya no es solo la continuación del proyecto, sino dar el salto a Primaria, siendo fieles a este espíritu. Algo que, como recuerda su directora, entre otras cosas depende, también, de cómo se desarrolle la LOMCE y se lleve a cabo la adecuación a la realidad de Aragón.

En este marco, Marina Machado sigue la corriente de Matthew Lipman, que entiende la Filosofía como una herramienta vehicular para aprovechar mejor otras disciplinas y no solo como una materia que cultiva el pensamiento sobre temas propiamente filosóficos.

"La filosofía -apunta Machado- ayuda a los alumnos a descubrir qué tienen dentro, sacarlo a la luz y valorar que lo suyo puede ser tan válido como lo del otro. También los ayuda a adquirir criterios para esa valoración y a respetar las opiniones de los otros, desde una postura personal. Los ayuda a formarse como personas democráticas, con criterios propios, a pensar, a autodescubrirse, a buscar argumentos. Si vivimos en un país democrático, tenemos que poner a la persona en situación. Y para ser demócrata hay que tener criterios; tomar criterio y defenderlo. Eso es lo que busco en mis clases de filosofía".

Plantear buenas preguntas

"Se trata de estimular el pensamiento -continúa Marina-. Me sirvo de diferentes excusas para fomentar que surjan las preguntas. Toda pregunta es un sondeo interno, una investigación de algo interior hasta entonces remoto. Han de ser buenas preguntas, como por ejemplo: "¿Qué quiere decir la gente cuando dice que te quiere?" o "¿Puedo estar en desacuerdo con la opinión de alguien, aunque no esté enfadado con él?"… Porque este tipo de interrogantes dará lugar a respuestas razonadas y derivará en la generación de diferentes capacidades y habilidades cognitivas. Pero siempre teniendo claro que la Filosofía no es una terapia, el profesor tiene que saber qué busca en cada sesión, cuáles son los objetivos concretos que quiere conseguir".

"Yo -prosigue Marina- no busco opiniones porque sí, sino, a través de algo, provocar un choque que derive en preguntas, en reflexiones, en razonamientos. Preguntas que se han de adecuar a los momentos propicios y a los ritmos de los niños. Tengo muy claras las habilidades de pensamiento que estoy trabajando en cada momento y cuáles quiero desarrollar. Y son muchas: desde observar, escuchar, percibir..., hasta formular hipótesis, relacionar el todo con las partes o anticipar consecuencias".

El aula se convierte, así, en una comunidad de investigación en la que la profesora es un catalizador que hace preguntas que invitan a opinar y a argumentar, a mantener la opinión, a dar criterios. A su vez, la profesora actúa también de elemento motivador que fomenta la pluralidad de situaciones, y es una observadora que ha de estar atenta a las emociones que emergen, a los gestos que las trasmiten. Y es una dispensadora de ayuda. Así, cuando un niño se atasca en un razonamiento, Marina repregunta o reconduce la cuestión para facilitar su discurso: "Lorena, ¿le puedes repetir a Álvaro tus argumentos para ver si está de acuerdo o no?". O, cuando la clase se alborota, hace un paréntesis para jugar a la serpiente; juego en el que se pasan uno tras otro desde una palmada hasta un toque en la oreja, y que sirve para relajar y retomar el ritmo. O recuerda, preguntando, por qué no tienen que hablar todos a la vez: "Porque entonces no nos escuchamos, y si no nos escuchamos no nos entendemos", apunta Irene, o, como dice Álvaro, "porque si lo decimos todos a la vez, luego nos dolerá la cabeza".

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Desarrollo de competencias

Desde este planteamiento, la Filosofía ayuda a desarrollar las competencias básicas. "Como, por ejemplo, la comunicación lingüística, ya que permite generar ideas, interrogantes, y expresarlos; la matemática, puesto que la Filosofía ayuda a estimular y enjuiciar la lógica y la validez de las informaciones y los argumentos; así como a poner en práctica procesos de razonamiento que llevan a los niños a obtener información o las soluciones de un problema". También se desarrollan las competencias en el conocimiento y la interacción con el mundo físico, así como la competencia social y ciudadana "ya que -explica Machado- potencia la comprensión y el conocimiento de las personas, facilita que se identifiquen preguntas o problemas más o menos cotidianos, y los niños aprenden a comunicarse en diferentes contextos, a expresar sus propias ideas, y a escuchar y respetar las ajenas. Se dan cuenta de que existen diferentes perspectivas. Además de que practican el diálogo y la negociación, para llegar a acuerdos".

En función del nivel de los alumnos, Marina utiliza unas herramientas u otras, aunque hay una base común: "Formulamos hipótesis, es decir, vamos a pensar e imaginar. El pensamiento aparece en forma de pregunta. Para ello, con los pequeños, los de primero, parto de una imagen que sirve de excusa para entrar en debate, siempre dejando clara la hipótesis de partida. Con segundo y tercero, me sirvo del manual de Lipman".

Se trata de El hospital de muñecas, que incluye la novela y un apoyo filosófico para el profesorado (para qué utilizarlo, qué quiero conseguir...). El texto está protagonizado por una niña y su muñeca Roller, con quien comparte todo su mundo. Un día, yendo en el triciclo, tropieza y Roller sale volando de la cesta y cae al suelo. La niña la coge en sus brazos, descubre que se ha roto la parte trasera de la cabeza y se entristece profundamente cuando se entera de que es necesario ponerle una nueva cabeza. Durante los días en que se desarrolla el relato, la niña va pensando en las diferencias entre ser una muñeca y un niño. Su profesor del colegio también abre una conversación, entre los niños, sobre las diferencias entre las personas y la necesidad ética de ponerse en el lugar del otro y de tratar a todos con respeto, por muy diferentes que nos parezcan. La novela es ya una vieja conocida de nuestro grupo de 5 años, en cuya clase continúa la lectura que empezó el curso anterior. Ya han debatido sobre la cuestión central que plantea hoy: que la muñeca preferida de un personaje es fea para otros. Marina los anima a reflexionar sobre ello. Y les pone una tarea para casa: han de traer un muñeco que les guste. "¿Se puede uno grande?", plantea Álvaro. "Ten en cuenta que ha de caberte en la mochila -responde Marina-. Pero lo importante es que tendréis que pensar cuáles son las razones por las que os gusta y nos las tendréis que contar a los demás".

El trabajo no acaba con la sesión. En cada una de ellas, además de Marina, hay una profesora, generalmente la tutora, que actúa de secretaria y toma acta de todo cuanto acontece: se apuntan las intervenciones y quienes las realizan. Esta acta le servirá a Marina para realizar un ejercicio de reflexión y de análisis de la práctica; para reajustar la metodología e ir conociendo a cada persona de cada grupo y poder seguir avanzando. Dará la clave de cómo plantear la siguiente clase y sus objetivos concretos. Sirve, además, para no perder el hilo cuando la clase se desliza por derroteros propios. Para que de verdad se produzca un diálogo filosófico, en el que se escuche con atención, se expresen ideas propias, se pida turno para hablar, se tenga en cuenta al compañero y se piense sobre las ideas que van surgiendo. Y sirve para que los chicos vean que lo que ellos dicen es tan importante que queda registrado.

CEIP Julio Verne, centro bilingüe español-francés.

C/ Iñigo Manuel Marín Sancho n.º 20, 50011 Zaragoza.

Tel.: 876 26 31 00

http://cpeipjulioverne.educa.aragon.es/web/

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