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¿Dónde situamos las emociones?

Manuel Martín González

Cuadernos de Pedagogía, Nº 442, Sección Reportaje, Febrero 2014, Editorial Wolters Kluwer España, ISBN-ISSN: 0210-0630

El IES Asta Regia, de Jerez de la Frontera (Cádiz), ha apostado de una manera significativa por buscar espacios y tiempos desde los que abordar la Educación Emocional de su alumnado. En esa búsqueda surgen interrogantes interesantes. ¿De qué manera influye en el alumnado y qué repercusión tiene en su rendimiento académico? ¿Qué cambia en el entorno escolar? ¿Es suficiente con una asignatura específica?

Manuel Martín González. Periodista y profesor de Secundaria.

Fotografías y vídeo de Pablo Martínez

¿Dónde situamos las emociones?

Autonomía emocional. Sesión 2.º de Bachillerato

"Esto no es fácil, a mí me cuesta mucho... Para estar bien yo necesito sentirme querida. Yo sé que mi felicidad no puede depender de eso, pero no tengo el control de mi vida". De pronto agacha la cabeza y rompe a llorar. Se muestra tímida y huidiza. Es Paula, una alumna de 2.º de Bachillerato, quien tiene la palabra. El resto del grupo la escucha con atención. Después de unos ejercicios de relajación, han retomado, sentados en círculo, el tema de la sesión anterior. Están trabajando la autonomía emocional y su capacidad para gestionarla. "Yo no creo que vaya a ser nunca independiente emocionalmente" –agrega Paula, entre lágrimas–. El profesor, Antonio Sánchez, le acerca un pañuelo de papel, al tiempo que le comenta que no pasa nada por llorar, que es una forma más de expresar lo que nos pasa; y añade: "Lo ideal sería que uno no dependiera de los demás, que no fuera obligatorio tener a alguien al lado para ser feliz, pero que nadie piense que esa es una tarea fácil". Paula vuelve a tomar la palabra para reconocer que tiene poca confianza en sí misma y que, en parte, ese es el problema, que se valora poco y que debería trabajar más eso. El resto de compañeros asiente con la cabeza y la anima. El profesor, que hasta ahora ha ejercido una escucha activa, centra entonces el tema: "Nos ponemos máscaras para que nos quieran y tenemos unas enormes dificultades para ser autónomos emocionalmente, para establecer una relación desde la igualdad y la libertad. Por eso, si no quieres ser dependiente, tienes que quererte y aceptarte como eres, conocerte y valorarte para tener confianza en ti". Y cierra la sesión con una frase concluyente: "Acepta tu vulnerabilidad, esa es tu fuerza".

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Un poco de historia

El IES Asta Regia, de Jerez de la Frontera, está situado en una zona de compensación educativa, conocida como Barriada El Chicle. En casi todos los grupos del centro hay alumnos con algún familiar en paro, no en vano la tasa de paro duplica a la media del resto de ciudad y esa circunstancia genera problemas de desvertebración social y familiar. Dentro de las aulas las emociones se vivían y experimentaban sin reconocer el valor, la importancia y el significado que verdaderamente tienen. Esta realidad obligó a buscar formas de prevención primaria y de promoción positiva de la salud que proporcionaran al alumnado recursos y estrategias para enfrentarse con las experiencias que la vida les depara. Y en respuesta a esa demanda surgió en el año 2010 una propuesta de educación emocional con la que dar voz a los alumnos con el objetivo de que fueran capaces de expresar sus emociones y de conocerse a sí mismos para, de esa forma, poder establecer relaciones sanas con sus compañeros y con su entorno. Los primeros pasos que se dieron en ese sentido se concretaron con la oferta de una asignatura de educación emocional, en horario de Libre Disposición, para el alumnado de 1.º y 2.º de la ESO.

Regulación emocional. Sesión 1.º de Bachillerato

Los alumnos, sin prisas, van llegando al aula de educación emocional. Acaban de salir de un examen y están inquietos. Han dormido poco, y aún andan dando vueltas a las respuestas que acaban de dar.

Teniendo en cuenta esas circunstancias, la sesión comienza con una música suave para que los alumnos puedan soltar toda esa tensión. El profe dirige los movimientos para trabajar el centro raíz del cuerpo; dan un paso al frente con las manos extendidas, y repiten algunas palabras en voz alta, lanzan al aire golpes de boxeo y comienzan a expresar sentimientos en voz alta. Al mismo tiempo van controlando la respiración y de repente cambia la música y el ritmo de la sesión. Suena ahora Se me olvida olvidarte, de Despistaos. Los movimientos se vuelven ahora más teatrales. Bailan en corro y terminan todos juntos, en el centro, con los brazos levantados.

Después de un breve descanso, se tumban en el suelo para realizar un escáner corporal, un proceso que les permite adquirir conciencia de su propio cuerpo, para poder regularlo bien. Cierran los ojos, brazos estirados, respiración controlada y profunda, abdomen que se llena de aire y se vacía. Notan el contacto de sus cuerpos con la alfombra. Transcurren así unos breves minutos, que parecen eternos. De repente suena la música suave de un piano y van abriendo los ojos poco a poco. Se sientan, entonces, en el suelo y comienzan una ronda de expresión de estados de ánimos. A la pregunta del profesor: "¿Qué tal os habéis sentido hoy?", las respuestas del alumnado se suceden: "Mejor que otros días", "Estoy más relajado, menos tenso que otros días", "Voy soltando ansiedad. He podido controlarme mejor". Sin embargo, hay otros compañeros con más dificultades. Uno de ellos reconoce que le ha entrado agobio en algún momento, y otra compañera justifica que le ha costado centrarse porque tenía muchas cosas en su cabeza: "Me exijo mucho y el examen no me salió muy bien pero... tengo que gestionar mis sensaciones y sentimientos".

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La clase es un laboratorio donde ensayar, para que luego cada alumno pueda llevar lo aprendido a la práctica, en su propia vida. Como experimenta otra de las alumnas: "Antes de los exámenes siempre lloraba, me ponía muy nerviosa, eso impedía que estudiara bien, pero no sabía cómo controlar eso. Ahora comienzo a estudiar con unos minutos de relajación y me sienta muy bien".

Organización de espacios y tiempos

El actual equipo directivo lleva poco tiempo. Llegaron en marzo de 2012, pero no dudaron en darle continuidad al proyecto que dos años antes había sido aprobado por el claustro y el Consejo Escolar. Fue en aquellos momentos una decisión complicada porque para implantarla debieron sacar horas del Departamento de Matemáticas, que en 1.º y 2.º de ESO impartía el Taller de Resolución de Problemas y de Refuerzo de Matemáticas. Recuerdan que fue motivo de debate en el claustro. Todas las horas de Libre Disposición de 1.º y 2.º de ESO se dedicarían, a partir de entonces, a la nueva asignatura. Para el curso 2013-2014 se han introducido algunos cambios. Se han reestructurado las horas de libre disposición, de tal manera que en 2.º de ESO se ha recuperado el Refuerzo de Matemáticas, salvo en un grupo. A cambio, se ha incorporado educación emocional al Plan de Acción Tutorial. La asignatura se imparte, ahora, en el módulo de tutorías, con una sesión de una hora semanal. Y para ello, los tutores deben formarse previamente en educación emocional, ampliando así el número de profesores implicados en el proyecto. Por otra parte, los alumnos de 4.º de ESO y los de Bachillerato han podido seleccionar educación emocional como una más de las opciones del Proyecto Integrado. Y su elección mayoritaria ha reforzado también el proyecto.

Por tanto, se aprovechan todos los tiempos, que la organización temporal curricular permite, para impartir educación emocional, consiguiendo de esta forma un mejor anclaje dentro del proyecto educativo del centro. Y en esa línea, se ha dado un paso más en la organización de los espacios. A comienzos del curso 2013-14 se ha inaugurado el Aula de Educación Emocional, y con ello no solo la nueva asignatura se ha hecho más visible en el centro, sino que, además, se han mejorado las condiciones en las que se imparte. Las mismas familias se encargaron, junto con los profesores más implicados, de acondicionar el aula, pintando las paredes de azul, colocando moqueta en el suelo y cortinas en las ventanas. Aunque tampoco ha sido una decisión fácil, ya que no andan muy sobrados de espacio, y para poder habilitar este nuevo ámbito, un grupo de 4.º de ESO ha tenido que ubicarse en una aula más pequeña y sin pizarra digital.

Conciencia emocional. Sesión 1.º de ESO

Los alumnos de este grupo entran con naturalidad en el aula específica. Sonríen, charlan entre ellos y parece que conocen bien las claves de la nueva asignatura. Se quitan los zapatos y los van colocando de forma ordenada en unas baldas habilitadas para ello. Se sitúan sobre la moqueta central a la espera de las instrucciones del profesor, que les anuncia que van a comenzar con relajación. Y alguno de ellos manifiesta expresivamente su pesar. Una de las alumnas lo expresa abiertamente: "Es de las cosas que menos me gustan porque me cuesta mucho, es muy complicado, quizás sea porque llevo pocas sesiones".

Por otra parte, ya han tenido la oportunidad de comprobar que no todo se puede programar en esta nueva asignatura, sobre todo las reacciones espontáneas ante cualquier estímulo. En uno de los primeros ejercicios del curso ocurrió algo imprevisto. Con los ojos cerrados, y siguiendo las indicaciones del profesor, visualizaban una escena aparentemente de bienestar: una playa, unas carreras y juegos por la arena, nadar junto a peces de colores. Uno de los alumnos rompió a llorar. Nadie se dio cuenta hasta que terminaron el ejercicio. Esa escena lo ayudó a identificar un episodio de su niñez que lo atormentaba: con seis o siete años se metió en el mar y comenzó a ahogarse; nadie de su familia se dio cuenta hasta que lo tuvieron que rescatar. Desde entonces lleva cuatro años sin pisar la playa y cada vez que alguien en la familia lo propone, él monta en cólera. El grupo ha propuesto, para ayudarlo a superar esto, que en cuanto comience el buen tiempo irán todos juntos a la playa y, cogidos de la mano, se introducirán en el mar.

Tras la relajación, comienzan una dinámica de grupo centrada en la reflexión y el diálogo a partir de su propia experiencia vivencial. En cada sesión existe un guardián del turno de palabra. Están trabajando una técnica Yo soy, en la que cada uno tiene que descubrir sus cualidades positivas y negativas. Y así fue como detectaron que la agresividad era un tema que había que trabajar de una forma específica. Y en concreto una de las compañeras que, con solo doce años, se muestra especialmente preocupada por su alto grado de agresividad: "Cuando me hacen algo que no me gusta me enfado mucho. Me saca de mis casillas". Para contrarrestar la negatividad, el profesor habla de que "hoy toca llenar la mochila de cosas positivas", y pide al resto de compañeros que señalen, qué les gusta de su compañera, como forma de responder a su sinceridad. Comienza una ronda de positividad: "Es tierna", "es buena gente", "la mejor amiga", "amable, cuando quiere", "simpática", "siempre se ríe", "graciosa", "puedes confiar en ella", "cuando estuve triste, ella me acompañó", "muy cariñosa"...

El profesor aclara para finalizar: "Ninguna emoción es mala, solo hay que saber gestionarla. Ante algo que nos ocurre, lo humano es sentir, pero lo importante es saber encauzar esa emoción".

Una de las asignaturas pendientes son los cuadernos de clase. Cada alumno debe escribir en su diario todo lo que siente en cada sesión, pero siempre falta tiempo para ello y, por eso, los cuadernos aún están casi por escribir.

Profesorado y formación

De un total de 70 profesores, seis están implicados de una manera destacada en el proyecto. El coordinador, Antonio Sánchez, es uno de los dos orientadores del centro y ejerce un liderazgo importante, reconocido y valorado por todos. Desde el primer momento contó con el apoyo del resto de docentes de su Departamento, más uno del de Matemáticas. El segundo año se sumó otro del de Lengua.

La formación la realizan a través del Centro del Profesorado de Jerez. Poco a poco se han ido sumando compañeros. El coordinador del proyecto tiene claro que la formación es fundamental. Si en cualquier otra asignatura o materia lo es, en esta mucho más. Al principio del proyecto se celebraron varias sesiones formativas en las que participaron unos 20 profesores. Ahora una vez a la semana se reúnen por la tarde junto a un grupo de profesores de otros centros de la provincia de Cádiz. "Hoy en la sesión de formación del profesorado vamos a trabajar el miedo, entre otros el de enfrentarse a educación emocional. Tenemos que empezar por nosotros mismos y no todo el mundo está dispuesto a ese recorrido personal, que a veces es muy doloroso"

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Su compañera y también orientadora, Nieves Beltrán, coincide en su apreciación y va más allá: "Es necesaria una formación sistemática. El mayor error es pensar que cualquiera puede impartir esta asignatura. Lo singular de esta formación es que te obliga a trabajar los contenidos de la asignatura que vas a impartir, primero contigo mismo, para luego poder desarrollarla en el aula".

Pero a veces no basta con una formación básica, sino que es necesario madurar interiormente todo ese caudal de experiencias. El profesor de Pedagogía Terapéutica, Ricardo Rico, así lo reconoce: "Cuando el curso pasado, Antonio Sánchez me lo propuso, esto me sonó a chino, pero me impliqué mucho personalmente con un grupo de 2.º de ESO. El esfuerzo personal y el desgaste fueron muy grandes. Tal es así que, al finalizar el curso, decidí no volver a trabajar con ningún grupo este año, aunque sigo trabajando en el tema a nivel personal y formándome". Educación Emocional ¿Asignatura curricular? El proyecto de Educación Emocional del IES Asta Regia no se limita solo a la asignatura curricular, pero es quizás su aspecto más relevante. El coordinador, Antonio Sánchez, defiende la opción elegida: “Lo ideal sería establecer un proyecto integrado en el centro en el que participara todo el profesorado, en todas las áreas, a lo largo de toda la escolaridad, pero por algo hay que comenzar, y consideramos este paso que hemos dado como inicial. Nos sirve para sensibilizar al alumnado y al profesorado, y generar así una cultura de educación emocional en nuestro centro”. Una idea que refuerza la otra orientadora del centro, Nieves Beltrán: “Algo es mejor que nada, pero si hablamos de lo ideal, hablamos de otra cosa. Falta mucha implicación del profesorado. Por ejemplo, mi grupo de 1.º C tiene un equipo de ocho o nueve profes, y yo solo estoy con ellos una hora a la semana. El que viene detrás cambia el chip automáticamente y el alumno no me vuelve a ver hasta la semana siguiente, con lo que mi práctica se convierte en irrelevante”. ¿Pero cómo se lleva al aula la Educación Emocional? El coordinador argumenta al respecto: “No somos partidarios de fórmulas mágicas, de manuales, porque pensamos que el material enlatado encorseta las emociones. Tenemos estructuras de trabajo que podemos ir aplicando a diferentes situaciones y que nos permiten adaptarnos a lo que el alumnado demanda”. El trabajo se desarrolla en torno al currículum que diversos autores ( Goleman, Salovery y Meyer, Bisquerra y Carozo, entre otros) y escuelas consideran imprescindible para que una persona adquiera las competencias emocionales mínimas que le permitan desenvolverse con garantías en su trayectoria vital. En las diferentes sesiones se desarrollan en el alumnado competencias como la conciencia emocional, la regulación de las emociones o la autonomía personal, así como habilidades de vida y bienestar. Y las clases se estructuran en torno a diversos centros de interés: masaje corporal, movimiento expresivo, juegos, dramatización, conflictos reales, material experiencial propio y ronda de sentimientos sobre el estado emocional de cada clase. Al margen de la asignatura como tal, comienzan a tomar peso otras intervenciones como el Plan de Orientación y Acción Tutorial, la transversalidad de las emociones en diferentes áreas y materias, o la celebración de talleres puntuales. Todo ello va unido a un programa de formación del profesorado que cada vez cobra más importancia. Hay una frase que, de tanto repetirla, se ha convertido en un mantra de los profesores implicados: “La Educación Emocional no es una asignatura, es un hábito de vida, una forma de entender la vida, por eso no puede ser nunca solo una asignatura”.

Los primeros alumnos. Habilidades Sociales

Cuando hace tres cursos comenzaba en este centro una asignatura nueva, bajo el nombre de educación emocional, pocos sabían de qué iba aquello. Fue una auténtica novedad. Entre los alumnos de 2.º de ESO que comenzaron, se encontraban Christian, Selenia y Manuel que ahora cursan 4.º de ESO. Christian rememora aquellos comienzos: "Las actividades de relajación daban mucha vergüenza, pero poco a poco nos fuimos acostumbrando. Nos fuimos conociendo más y más rápido. Mi visión de los estudios ha cambiado; ahora los vemos como algo necesario y hacemos planes para seguir estudiando en el futuro". En esa misma idea redunda Manuel: "Yo venía con un largo historial de expulsiones y muchos partes, en otros centros. Siempre he sido muy rebelde, me negaba a obedecer cualquier imposición. Ahora soy más moderado porque me hicieron ver las cosas de otra manera, con más calma".

Selenia, por su parte, comenta: "Al principio era como tener una hora libre. Recuerdo que a mí me daba mucha vergüenza contar lo que me pasaba. Pero creo que me dio la oportunidad de conocer de verdad a mis compañeros y empecé a encontrarle sentido a venir al instituto. Nos apoyábamos entre nosotros. El año pasado, en tercero, no tuvimos educación emocional, y el grupo notamos el cambio. Necesitábamos a alguien que nos dijera: "Eh, tranquilos" y tomarlo todo con calma. En 2.º queríamos estar siempre juntos, en 3.º volvimos a los pequeños grupos".

Christian lo vivió, además, desde una experiencia personal muy dolorosa. "Mis padres se separaron y la asignatura me dio instrumentos para afrontarlo. Aprendí a compartir lo que me pasaba, con el grupo. Mi madre también estuvo viniendo un tiempo a los talleres y mi relación con ella mejoró bastante. Este año continúo con educación emocional en 4.º, en Proyecto Integrado".

Selenia reivindica, por encima de todo, la necesidad de contar en el centro con un espacio para charlar y compartir lo que les ocurre: "En clase había mucha gente con problemas, y cada uno creía que solo él tenía una historia dura detrás; descubrimos que no éramos únicos en eso, sino que existían, al menos, otros quince que vivían casos como el tuyo, e incluso más gordos".

Taller de padres y madres

"Me da miedo lo que voy conociendo de mí. He descubierto que si muevo cosas todo en mí cambia de sitio y eso me obliga a recomponerlo todo". Es M.ª Jesús, una de las madres que acude al taller que se desarrolla una vez a la semana, en horario escolar, en la misma aula en la que sus hijos cursan sus estudios. Son todas mujeres. Están sentadas en el suelo, formando un círculo, y siguen una dinámica muy parecida a la del resto de los grupos de alumnos. Hoy se han incorporado tres madres más. La mayoría de las que participan reconocen que la gente les pregunta "¿Eso qué es?". Por eso no hay mejor carta de presentación que reflexionar en voz alta, ante las nuevas compañeras, sobre lo que para las veteranas ha supuesto este taller.

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Paqui, la presidenta del AMPA, recuerda por qué acudió al taller: "Los problemas se me hacían un mundo. Los afrontaba mal. Ahora les busco solución. Les veo salida. Antes de enfadarme, me controlo más y chillo menos. Me ha servido de mucho porque sales fortalecida de aquí". Débora comenta entre risas cómplices que: "Sacar las emociones fuera, engancha. A medida que vas destapando eso que estaba encerrado en ti misma, que te hacía daño, pero que no eras capaz de compartir con nadie, necesitas seguir tirando del hilo. Quizás por eso las sesiones siempre me saben a poco..."

Para Luisa es su primer día: "Soy demasiado fuerte, yo escucho a todos y nadie me escucha a mí. Pero también sufro, aunque no lo manifieste. A mi hija no le agrada que venga, me dice que estoy loca, que para qué vengo. Pero quiero ver qué pasa". Rosa comenta divertida lo primero que pensó, cuando otra madre la invitó a venir: "¿Me voy a poner a bailar a estas alturas, con 55 años? Yo venía con mi mochila a cuestas, iba encogida, cargando con mis miedos desde la infancia. Ahora bailar me hace sentirme yo, la que ha estado oculta durante tantos años, y noto que me voy levantando como un globo que se infla". Maribel empezó el curso pasado muy animada y reconoce que le ha servido para mejorar las relaciones con sus hijos. "Ahora soy más condescendiente, menos autoritaria". Y una de las cosas que más valora es que: "Cuando necesitas un abrazo, lo tienes de las otras madres". Por otra parte, Leticia reconoce que a veces sus hijos no se lo ponen nada fácil: "Mi hija estudia 1.º de Bachillerato y, ante cualquier enfrentamiento que tengo con ella, me salta siempre con la misma frase: ‘yo no sé para qué vas a educación emocional, no te sirve de nada’.

Mientras, Antonio, el profesor, permanece en silencio y solo interviene puntualmente. Le emociona escucharlas y reflexiona sobre esta vivencia: "Mis madres me enseñan a ser un educador paciente, a ir a un ritmo más lento, que luego me sirve para el resto de mis alumnos"

La sesión termina con un baile. Una de las madres comienza a dirigir los movimientos del grupo y, poco a poco, entre risas, se van turnando en esa tarea. De la experiencia del taller de madres han surgido otras como la creación de una pequeña cooperativa, para hacer muñecas y recaudar fondos para obras sociales, o como organizar, entre todas, la apertura extraescolar de la biblioteca.

Resultados

El coordinador del proyecto, Antonio Sánchez, tiene claros los objetivos y está convencido de que en su instituto han cambiado muchas cosas en muy poco tiempo: "Estamos haciendo un extraordinario esfuerzo para compensar las dificultades curriculares de nuestro alumnado, y para conseguir que se respete a sí mismo y a los demás, así como para mejorar las relaciones con las familias. Hemos encontrado en la educación emocional una herramienta clave porque tiene la potencialidad de producir cambios en las personas y mejorar sus propias expectativas vitales".

Pero, ¿ha merecido la pena este esfuerzo? ¿Se nota una mejora en la convivencia y en los resultados del centro? A estas preguntas, Alejandro Hernández, jefe de estudios, responde: "Si no creyéramos que este proyecto va a mejorar la vida del centro, no lo apoyaríamos. Sabemos que no es la panacea y que lo va a arreglar todo. Los problemas de convivencia siguen existiendo. Son niños y la asignatura solo ocupa una hora a la semana". La orientadora, Nieves Beltrán, coincide en el análisis: "Una sola hora a la semana no es suficiente, pero es algo y se nota, sobre todo en la convivencia. Los alumnos reaccionan de otra manera, existe mayor predisposición a escucharte, a pensar que a lo mejor llevas razón. Se nota en pequeños detalles, como cuando se mandan callar entre ellos o respetan el turno de palabra".

De igual manera la profesora de Matemáticas, Peggy Ramos, está convencida de su influencia positiva en el rendimiento escolar: "Si el alumno está bien, emocionalmente, eso le va a influir a la hora de rendir. Además son ellos los que cada vez demandan más iniciativas como esta, porque necesitan espacios para hablar de sus cosas y van viendo su utilidad tanto en la vida del centro como en sus propias vidas. Se nota que reciben esta formación, cuando ellos mismos, ante un conflicto, se paran y te dicen: ‘estoy nervioso, voy a respirar’".

En ese sentido apunta también Ricardo Rico, profesor de Pedagogía Terapéutica, quien además aporta otro matiz: "Al alumnado le da la oportunidad de usar un vocabulario que, aunque parezca sorprendente, sigue siendo un poco tabú. Habla de amor, de alegría y de emociones que para muchos de ellos solo estaban en las películas, pero no en sus vidas".

Y cuando se pregunta al alumnado las razones por las que le gusta esta asignatura surge un torrente de ideas que se repiten: "Porque nos ayuda a conocernos; ahora puedo confiar más en mí mismo; nos relaja; aprendemos a escucharnos, nos ponemos en el lugar del otro". "Eso es empatía" –precisa otra compañera y todos ríen–.

Más información:

IES Asta Regia

http://www.astaregia.net

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MARKO|18/02/2014 23:59:58
MUY BUENA INFORMACIÓN, INTERESANTE. PARA UNA SESIÓN DE TUTORÍA TAMBIÉN PUEDE SER.Notificar comentario inapropiado
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